Wynnie Mynerva: "La cirugía para cerrar mi vagina me ha cambiado la vida"

‘Cerrar para abrir’ promete ser una de las obras más impactantes de ARCO e incluye el vídeo de la operación para suturar su vagina. ¿Quién es Wynnie Mynerva?

Wynnie Mynerva viste looks erótico-festivos, tanto lleva el pelo azul como rojo y su obra artística contiene un alto voltaje sexual. Sus performances pueden incomodar o escandalizar: en ‘Soy un principio y un final’ aparecía un animal comiéndose su cría muerta y, después, ella ingería los restos de su aborto clandestino [en Perú interrumpir un embarazo sigue siendo ilegal].

Pero Wynnie Mynerva (es su nombre real, por cierto) ya despunta como una de las artistas peruanas al alza, con exposiciones en galerías de Nueva York, Milán y ahora en ARCO , donde presenta otra obra que no pasará desapercibida: ‘Cerrar para abrir’, que ya expuso en la Galería Ginsberg de Lima .

Lo que podría parecer una colorista instalación de esculturas de plexiglás, una explosión pop, cobra otro significado al ver el vídeo central: una intervención quirúrgica en la que un cirujano sutura una vagina (la de la artista) para cerrarla. “No me siento identificada con la idea de mujer biológica. Esta cirugía me ha cambiado la vida. Lo venía planeando hace mucho tiempo. Mi trabajo tiene que ver con eso: cómo me represento mediante la carne, lo real. Y aunque visualmente aparente ser femenina, no me siento representada con la figura de mujer , al menos como se entiende en esta sociedad tan conservadora: alguien vulnerable, blanco de ataques, un objeto procreador y de uso. Cuando conocí lo no binario entendí que ese era mi lugar, que podía abandonar la feminidad por un espacio de creación de mi propia identidad donde yo puedo cambiar, mutar”, explica.

La de Wynnie Mynerva no es una provocación gratuita. Es una revuelta contra 21 siglos de Historia del Arte en masculino (su primera carrera, luego haría Bellas Artes), una venganza contra la violencia en su país y su grito de reafirmación en unas coordenadas que ella misma ha inventado.

A una simple pregunta sobre pintura y performance su respuesta es esta: “La pintura es como mi amor romántico por el arte, como imaginar un futuro. Me encanta la performance porque es el presente, la realidad. Sales a la calle y hay una persona muerta, te insultan, te agreden, te roban…”.

¿.Así es su presente?

El otro día fui a un chifo [restaurante] a comer con mi novia Ali y había una balacera [tiroteo]. Hace poco también nos robaron los celulares con un arma.

¿Un cuchillo…?

Una pistola. La gente anda armada acá, los distritos periféricos de Lima son tierra de nadie.

No es fácil crecer en uno de esos distritos. Y menos siendo mujer. “Hay situaciones que marcan tu vida definitivamente. En Villa El Salvador, lo básico que uno debe cumplir es salvar la vida”, señala. Levantado de la nada en los años 70 y a pesar de su nombre paradisíaco, Villa El Salvador es uno de los barrios más peligrosos de Lima. En 1987, desde España recibió un Premio Príncipe de Asturias a la Concordia por su “práctica ejemplar para organizar un tipo de ciudad solidaria y económicamente productiva”, una alternativa para los pueblos víctimas del subdesarrollo y la injusticia.

Wynnie Mynerva aún no había nacido (lo haría en el 91), pero sus recuerdos de niña son estos:

“Las calles estaban llenas de prostitución, es algo muy común aquí, y se vendían drogas abiertamente. En mi mente asocio el sexo con la prostitución. Me pasé mi adolescencia tratando de ocultar mi identidad, no ser vista, no mostrarme como un cuerpo sexual… En situaciones de violencia uno quiere anularse, es una mecánica de supervivencia. Salías a comprar el pan y veías a un tipo desangrándose. Y nadie hacía nada. Las prostitutas de mi casa gritaban pidiendo ayuda. Y nadie hacía nada. Es algo de lo que no se habla, pero sucede continuamente. Se ha internalizado, se ha convertido en parte del paisaje”.

En ese paisaje Wynnie Mynerva se refugia en el arte. Ahí enfrenta sus traumas, sus memorias de la violencia. “Cuanto más fuerte es la represión más fuerte es la energía contraria, la pulsión para crear, escapar, responder”, asegura. Su primera exposición, ‘El otro sexo’ (2018), consistía en un muestrario de órganos genitales, esculturas hiperreales tomadas de moldes de modelos anónimos. Tuvo que cerrarla antes de tiempo por las quejas. Luego vino ‘Sex Machine’ (2019), un repertorio de dildos y máquinas creadas por ella misma para el placer (a destacar un dildo con cabeza de bebé, con la idea simbólica de transmutar el dolor de un parto en placer).

"En esa época leí el ‘Manifiesto contrasexual’ de Paul Preciado y me revienta el cerebro. Me di cuenta de que todo puede ser un dildo: una mano, un brazo. El placer no solo está en el órgano sexual. Lo natural y lo biológico se empiezan a desprender de mí, como una idea que se puede desligar de mi cuerpo ", señala.

‘El jardín de las delicias’ (2020) fue su particular reinterpretación de El Bosco en una orgía edénica y con ‘Sweet Castrator’ (Dulce Castradora, 2021) eran las mujeres las que sometían a los hombres, encabezadas por una cita de la pintora barroca Artemisia Gentileschi , extraída del duro juicio por su violación.

“Es una gran revancha visual. Desde el arte se han construido muchas historias de violaciones, con todos esos raptos en los que los hombres se llevan a las mujeres y ellas parecen ir gustosamente. Tengo dolor rabia y quiero expresarlo, evidenciar cómo la figura femenina ha sido dominada y castigada”, dice Mynerva. Pintó escenas de gran crudeza: en ‘Todas mis lágrimas’ una mujer llora mientras un hombre eyacula sobre ella y en ‘Come de mi cuerpo’ una mano ofrece un seno cortado en un plato.

Y llegó el acto más radical. “Para mí, abandonar la feminidad era una forma de luchar y ganar mi libertad . La gente te ve como una mujer-vagina, siempre sexualmente dispuesta. Cerrarla físicamente solo era el cierre que yo ya tenía mentalmente. No me siento identificada con ella, no la uso para tener sexo (practico un amplio registro de lo que te puedas imaginar). No quiero ser madre, no la necesito como tal, como se me dio de forma natural”, defiende.

Contactó con varios ginecólogos de reasignación sexual para llevar a cabo una operación que nadie había hecho. Todo fueron negativas hasta que un cirujano especializado en reconstrucción vaginal dijo que sí, que se podía . “Cosió tres cuartas partes de mi vagina, dejando lo necesario para menstruar y botar fluidos. Cortó una parte de carne para estirarla y que quedara tersa, sin ninguna piel. Funcionó perfecto, me sentí muy feliz con la operación, como las mujeres cuando dan a luz”, explica.

¿No supone ningún riesgo físico?

Ninguno. Es más, no he vuelto a tener ninguna infección.

¿Y es doloroso?

No. Es más doloroso un aborto.

¿Se puede revertir?

Sí y no. Hay que injertar piel y es un proceso muy complejo.

¿Es una decisión personal o un gesto artístico?

Lo personal al final termina siendo artístico. Hay una idea de manifestarme. Si bien tengo claro por donde va mi orientación sexual [se define como pansexual] quiero dejar una marca, sentirme la diseñadora de mi propio cuerpo.

Su biografía puede leerse en sus acciones artísticas, como la controvertida performance de su aborto. “La primera vez que aborté tenía 18 años, fue muy doloroso física y mentalmente. Sufrí mucho, sentí que estaba matando un niño. La segunda no fue así, estaba más curtida y ya trabajaba en el arte. No estaba matando nada, solo interrumpiendo un proceso de mi cuerpo”, expone. Así que replicó lo que hacen algunos mamíferos: “La placenta tiene propiedades opioides que calman el dolor posparto. Pero los restos de carne también: hay animales que se comen instintivamente a sus crías cuando nacen muertas para aliviar el dolor. ¿Por qué algo que sale de mí no puede volver a entrar? ¿Por qué no puedo reconciliarme con ella y que siga siendo parte de mí? Fue como un ritual”.

A dos días de la inauguración de ARCO, Wynnie Mynerva ya anda por Madrid . Como siempre que viaja a otros países, cuando va por la calle no puede evitar mirar hacia atrás, en alerta. Instinto limeño.

https://www.elmundo.es/cultura/arte/2022/02/21/62122967fdddffd3b88b45b1.html

“Para mí, abandonar la feminidad era una forma de luchar y ganar mi libertad . La gente te ve como una mujer-vagina, siempre sexualmente dispuesta. Cerrarla físicamente solo era el cierre que yo ya tenía mentalmente. No me siento identificada con ella, no la uso para tener sexo (practico un amplio registro de lo que te puedas imaginar). No quiero ser madre, no la necesito como tal, como se me dio de forma natural”,

Las neomonjas

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Vuelven los cinturones de castidad.

El progreso lo llaman.

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Ajá.

Igualito, seguro.

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Suturarse la vagina no suena nada sano.

Memorizaré su nombre para la Necroporra 2023.

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A mí no me engaña, es Isa Pantoja.

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Esto es un dar de comer a una atention wore de manual.

Se les da pábulo y ellas o ellos mismos se van escalando en su estupidez a cotas insospechadas.

Esperemos que nadie la tome de ejemplo

Talueeeeeee

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Para mear y no echar gota

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otra tarada del mismo bando de siempre.

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Cualquier cosa que salga de Arco es para tirarla directamente al contáiner más cercano.

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I see what you did there

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Madre mía como están las cabezas de algunas. Locas del coño.

Esta no porque lo tiene cerrado.

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Parece una carta de Yugioh.

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Y como mea?. Porque seamos serios esta tia seguro que se lo ha cerrado completamente labios y todo por la performance.

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La locura humana.

Me parece muy bien.

Yo he decidido usar mi pene para mantener relaciones sexuales y algún día también quiero ser padre.

Esperad. Ha sonado el timbre. Vienen a entrevistarme.

peroqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoqueperoque?

Espero haberlo entendido mal.

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Yo, artista, no la llamaría precisamente

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Hay gente dispuesta a cualquier cosa por chupar cámara, atención mediática y algo de pasta. A cualquier cosa.