Treinta años sin Freddie Mercury, un genio entre el estadio de Wembley y el templo de Zaratustra

Este miércoles se cumplen tres décadas del fallecimiento del cantante de Queen

En 2014, la hermana de Freddie Mercury, Kashimira Bulsara, dijo en una entrevista que la fe zoroástrica fue lo que le enseñó al cantante de Queen «a trabajar duro, perseverar y seguir sus sueños». Lo cierto es cualquier religión anima a trabajar duro, y también a perseverar, pero lo de perseguir los sueños que uno tiene, eso ya suena distinto. A falta de tiempo para trazar un análisis a fondo de la filosofía y los preceptos zoroástricos, y fiándonos de lo que dice Kashimira, podríamos decir que quizá, sólo quizá, el zoroastrismo tuvo una influencia esencial en la tenacidad que Freddie desarrolló a lo largo de su vida como artista.

Hay un dato que, de ser cierto, tendría una

enorme relevancia: Se cree que Freddie comenzó a cantar en el Templo Zoroástrico de Stone Town , la ciudad de Zanzíbar donde vivió cuando era un niño. Él nunca quiso hablar de su infancia cuando se hizo famoso, pero la idea de que recibiera esa influencia y la digiriera a su manera, como tantos artistas negros hicieron con el gospel, no es descabellada. Su familia pertenecía a la reducidísima comunidad parsi (descendientes de los primeros zoroastrianos que dejaron Irán tras la conquista islámica refugiándose en India, al contrario que los iranios, que permanecieron en Irán) de la isla y la música es un elemento importante de sus tradiciones, así que sería bastante lógico que le dejase huella. Los textos históricos prueban que antes de la llegada del Islam a Persia los zoroastrianos ya conocían canciones de interpretación coral y solistas, y el mismo paraíso del Zoroastrismo está descrito como la ‘Casa del Canto’ y como ‘el lugar donde la música da la alegría perpetua’ en lengua persa.

Algunos historiadores de la música rock creen que hay una estrecha relación entre los temas operísticos de Freddie Mercury (como ‘Bohemian Rhapsody’ por ejemplo) y los temas religiosos del zoroastrismo , la fe monoteísta más antigua y según los teólogos, la primera que concibió la dicotomía cielo-infierno o la idea de la lucha eterna entre el bien y el mal. El padre de Freddie solía repetirle esta frase a su hijo: «Buenos pensamientos, buenas palabras, buenas obras». Se trata de la primera enseñanza del profeta Zaratustra , que fundó su fe en la región de Afganistán entre el 1000 y el 1500 antes de Cristo tras escribir el Gatha, una colección de textos que fue el germen del Avesta, el libro zoroástrico de las sagradas escrituras. Según el Gatha, todos los seres humanos son libres. Algo que conecta con la idea de perseguir los sueños propios. Cosa que Freddie hizo sin descanso. ¿Cómo formaría si no un niño de doce años una banda de versiones de Little Richard en Bombay?

Allí en la India , permaneció varios años en dos etapas diferenciadas. Primero en su etapa de estudiante entre 1954 y 1963, año en que disolvió aquel grupo (llamado The Hectics) para regresar a Zanzíbar, de donde finalmente huyó con su familia al cabo de un año, por la inestabilidad social causada por una revolución antigubernamental. Fue entonces cuando el futuro rock-star recaló en Inglaterra , primero en Middlesex y luego en Londres, donde conoció a sus futuros compañeros de Queen en una escena que vuelve a conectar con la idea de la perseverancia y la búsqueda de la utopía personal.

Anatomía de un encuentro

La que sale en la película ‘Bohemian Rhapsody’ muestra a un tipo segurísimo de sí mismo que se acerca a la furgoneta de gira del grupo para ofrecerse como cantante sin el menor pudor. Y aunque no ocurrió exactamente así, lo cierto es que demostró tener un arrojo fuera de lo común . «La primera vez que hablé con Freddie fue en un concierto de Smile, en el que él estaba al lado del escenario viéndonos tocar», relató Brian May en la entrevista más clarificadora a este respecto. «Me dijo que le encantaba cómo tocábamos, pero que tenía algunas ideas para mejorarlo, y que él podía ser nuestro cantante. No estoy seguro de que lo tomáramos muy en serio al principio, pero tenía el aire de alguien que sabía que tenía razón. Un tiempo después tuvimos la oportunidad de verlo cantar… ¡y fue un shock! Era salvaje y poco académico, pero enormemente carismático. Enseguida comenzó su evolución hacia un talento vocal de clase mundial, justo delante de nuestros ojos».

El resto es historia, y bien conocida por todos además. Persiguió sus sueños en cada paso de su carrera, dando el mil por cien en los conciertos iniciáticos de Queen ante salas medio vacías, peleándose con su sello discográfico para que no mutilaran su ‘Bohemian Rhapsody’, buscando la libertad creativa ante todo en cada disco, luchando contra una enfermedad devastadora y estigmatizante con un tesón que ponía los pelos de punta a quienes trabajaron con él hasta el ultimísimo momento… Si no hubiera cantado en aquel mítico concierto en el estadio de Wembley , Freddie seguiría siendo una leyenda con todas las letras. Pero afortunadamente, nuestra sociedad del espectáculo tuvo con qué saciar su hambre de iconos y aquella velada se convirtió en algo más que un espectáculo de rock. Esas imágenes forjaron un mito , y todo fue gracias a un anhelo de llegar a lo más alto que siempre estuvo fuera de lo común.

El funeral de Freddie Mercury fue oficiado por dos sacerdotes zoroástricos que rezaron en la ancestral lengua avasta, un último deseo que dice mucho sobre su verdadera relación con esta religión, que quizá haya que volver a estudiar a fondo si queremos resolver el último misterio que tortura a los fans de Queen: el de la ubicación de sus cenizas . Siempre se ha dicho que su gran amiga Mary Austin las esparció en el mar, pero si uno se pone a leer preceptos de esta fe, se encuentra con esta frase: ‘Se prohíbe contaminar la naturaleza y, por ende, arrojar cenizas al agua’.

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Me pone los pelos de punta cada vez que la escucho.

Junto. a George Michael, dos pedazo de genios a los que echo mucho en falta.

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Tremenda actuación tuvo en el homenaje a Freddie.

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