Hagamos nuestra propia antología de relatos (hilo de comentarios)

Yo faltaba, lo siento Eileen, días fuertes de trabajo y obligaciones.

Voy a centrarme en criticar específicamente el que voté, que es Un Lugar Especial, pero es algo que he notado a lo largo de los tres relatos y lo podría hacer como crítica general también.

Tus diálogos son bastante particulares Kaluza, en el sentido de que funcionan para relatos con un tono humorístico (cosa que claramente es lo que intentas, así que en ese sentido corresponde), pero no sé si soportaría leer un relato “serio” escrito de esta manera. Hay personajes que no dialogan, sino que exponen, y en el concepto de humor (dejando de lado lo extremadamente subjetivo que es el humor), yo en lo particular no conecto cuando siento que todo el tiempo, todos los diálogos, están ahí para hacerme reír.

Hay una crítica similar que hizo Pevi más atrás (las leí por encima, lo siento si me repito), pero es que Ani y Pepín hablan igual que Judas Iscariote y Asmodeus. El diálogo en función de querer ser cómico, termina careciendo de acento propio para cada personaje, si no leo qué persona dijo el diálogo no sé quién está hablando. Juega mucho el vocabulario en esto, juega mucho cómo se presenta a los personajes en escena antes de que hablen. Los demonios pueden seguir siendo graciosos, pero en mi opinión se pedía como el comer que hablaran distinto a los humanos del relato para sentir esa diferencia. Teniendo la misma forma de hablar, no siento el cambio de setting, no noto la diferencia entre estar en un coffee break en el infierno respecto a estar en el coche escuchándolos discutir.

Un ejemplo para mí simple y sencillo habría sido que en la primera escena del infierno:

—Es un grave error que, llevándonos por las prisas, dejemos la estaca terminada en punta —explicaba Vlad durante su intervención—. Siempre hay que redondearla un poco y si podemos limar las aristas, mejor. El sufrimiento debe durar días, si la hacemos puntiaguda entrará muy rápido, rompiendo las arterias y venas principales, y provocando el desangramiento inmediato.
—Vamos a ver, llevo miles de años empalando humanos —replicó Asmodeo, que se sentaba al lado de Astaroth—, ¿va a enseñarme algo nuevo, príncipe Vlad?

Yo lo habría reescrito a algo así:

—Es una falla de lo más onerosa, por culpa de la decidia del acto, dejar la estaca terminada en punta —explicaba Vlad durante su intervención—. Es un arte. Siempre debe ser redondeada, al menos un poco. Y si se presta el tiempo a limar las aristas, mejor. El sufrimiento debe durar días… por contra, si se adecúan a la mera rutina, si se limitan a la simpleza de disponerla con punta, entrará muy rápido. Romperá arterias y venas, acortará el acto y la ceremonia por culpa del desangramiento inmediato.
—No necesito que un pisaverde intente instruirme en el acto de la tortura —replicó Asmodeo, que se sentaba al lado de Astaroth—, milenios antes de que tu estirpe reverenciara la lluvia, estaba en mis manos el saber de cómo abrir sus cuerpos sin arrancarles la vida. ¿Tiene realmente algo que enseñarme, príncipe Vlad?

Y ahora sí, remate de la madera y el “Eh, no, no lo sabía”. Luego de construirles un tono de voz más serio y “grandilocuente”, rompes con un chiste y mantienes el mismo tono de comedia pero dejando en claro cómo esta parte la pueblan personajes distintos a Ana y Pepe.

Como estoy llegando muy tarde a hacer las críticas no voy a centrarme en el aspecto más técnico porque ya lo hicieron antes y no voy a repetirme. Es bastante dinámico el hecho de que sostengas escenas en base a dialogar, cosa que no es fácil, pero por eso mismo creo que deberías seguir trabajando sobre el diálogo porque siempre, siempre, necesité leer la acotación posterior de quién estaba diciendo qué cuando una escena arrancaba. En 700 palabras lo entendería, pero estos son relatos mucho más grandes, por lo que el “tiempo de vida” está disponible.

Espero que te sirva.

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Yo faltaba, pero quería ver si me leía el tercero. Así que como no lo haré, voto por Recuerdos Completos.

Aparte, nunca se dijo que hubiera obligación de leer y de votar. xD Yo me saltaré algunos autores… por lo menos en las semanas de vacas o que tenga curro en el trabajo (y los relatos de lyn, claro, esos paso de leer)

Ya ha empezado la semana de Fireshot, ¿no?

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Cierto, es nueva semana. Aunque yo lo dejo para el finde como la última vez. Así doy tiempo a que pongan los relatos, si es que no están recopilados al principio del tema.

Buen día a todos, espero que tengan sus anotadores a mano. Todos los relatos que voy a subir tienen al menos cinco años, por lo que a mí respecta, háganlos mierda de hacer falta :sisi:

Los primeros dos relatos son cortos, porque participaron en torneos de 700 palabras. Al primero le corregí algunos detalles puntuales respecto al original, al segundo únicamente le adapté un par de correcciones que hubo en su momento. El tercero es todo un tema.

El tercero participó en un concurso de 2000, el relato original me quedó de casi 3.000 palabras. Recorté por todos lados para que entrara en el concurso. Pero particularmente, siendo una revisión, me di el gusto de reconstruir una pequeña parte (no llega aún así a 3.000). No tengo la cabeza en el mismo lugar que hace 7 años así que no es el relato que recorté en ese momento, pero, creo que es algo con la idea correcta. No obstante es un relato que en su momento recibió la crítica de que se sentía que “faltaba un final”. Tengo una segunda revisión con una escena extra, que no llegué en su momento a incluír y que añade casi otras 500 palabras, pero pone el cierre como yo lo imaginé en un principio para esa historia. Si para muchos la versión que voy a subir padece ese problema en el remate, subiré la V.2 del relato incluyendo esa escena adicional. Y aviso de antemano, al que le moleste que un relato ocurra en USA y los personajes tengan nombres en inglés, le aconsejo que pase de leerlo porque es yankee as fuck.

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Condición: El protagonista padece insomnio y por ello se ha buscado un hobby que ocupe las largas noches en vela. El relato deberá representar el hobby y explicar cómo es una de esas noches


Sommelier

—Basta Mario. Ya es la tercera copa.

Ya por esa noche había bebido suficiente cosecha siciliana. El mejor ejemplo era ese, me estaba hablando a mí mismo. Con cierto recelo, dejé la copa en la mesa de luz. Mi mano tembló al momento de soltarla, mis labios me herían, deseando beber esos restos que no podía dejar de mirar. En ese cuarto estábamos sólos la copa y yo, suficiente compañía para mi segundo mes en vela, lo justo para esperar hasta que volviera ella… Helena.

Una parte de mí me convenció para ir a la ventana y fumar un rato, para quitarme el olor seco y dulce que quedaba en mis labios. Crucé la sala de estar, eran las dos de la mañana según el reloj de pie. Tomé un habano de mi colección y abrí la entrada al balcón, mientras buscaba en el bolsillo de mi camisa un poco de fuego. Al encenderlo, un sabor distinto inundó mi cuerpo… nada más que una máscara. Mi adicción apenas podía esconderse, el humo sólo era un acompañante mientras contemplaba Madrid durmiendo.

«Luna llena, maravillosa noche». Aspiré fuerte y solté el humo que, como una cortina, ascendía lentamente hacia el firmamento. Mis ojos ahora eran presa de la pequeña nube que volaba . «¿Tú también te vas?.. Te envidio, mu…». Abrí los ojos y me sostuve con fuerza contra el barandal. Mi garganta sabía que había hecho trampa, que le robé el sabor adrede; los restos que quedaban en mis labios latían con fuerza. Tuve sed otra vez, Helena.

Caminé sin equilibrio, como si yo fuese un borracho cualquiera abandonado a la puerta de un bar, y no un catador de vinos de primera categoría. Entré al comedor errando mis pasos, pero mi cuerpo sabía lo que buscaba. El botellero godello, lleno casi por completo, me llamaba. Tomé la primera que estuvo a mi alcance. Burlándose, una copa que parecía esperar mi arrebato se hallaba sobre la mesa. El corcho salió volando.

Volví a calmarme luego de cinco copas de cosecha mendocina. Supe mientras me relamía que iba a tener problemas cuando ella volviera. Las bebidas eran caras, y ella sólo me había dejado beber tres copas por noche, hasta que superara la ansiedad de no volver a dormir. Me puse de pie, y rodó sobre el suelo la botella vacía que segundos antes estuvo en mi regazo.

«—Joder, me van a sangrar los oídos en cuanto se entere de esto. Si tengo suerte, para el atardecer va a haberse callado. Y si se entera que estoy hablando solo— me sonreí, lamentable —, me esperan veinticuatro horas de sermones.»

Fui hasta el baño, mientras el reloj delataba que ya eran las cuatro. Abrí el agua y con mis manos hice un cuenco que coloqué debajo, hasta que rebalsara. Creí ver mi reflejo, sonriendo mordaz ante mi deslucida presencia, y hundí mi rostro en él para limpiar la inconveniente evidencia que rodeaba mis labios. Saqué mi cepillo de dientes del espejo y sin mirarme en él comencé a limpiarme, así mi aliento no delataría mi pequeña travesura. Algo en mí esperaba que ella entendiera: que mi estado y todas esas noches en vela eran una grave carga para un veinteañero. Muy bonito, pero no sería así. Dejé mi cepillo y volví sobre mis pasos, dejándome caer en mi cama, donde había comenzado el drama de esa noche. Cerré los ojos mientras contaba los segundos que marcaba el reloj de la sala. Se me insinuó con su olor lo que quedaba de la última copa que debería haber bebido, pero ya había cumplido y abusado de lo único que me entretenía luego del anochecer, mientras esperaba encerrado en el departamento.

Sonaron seis campanas del reloj, y coincidieron con los tres mil seiscientos segundos que llevaba contando desde las cinco campanadas anteriores. Además supe, aunque pocos podrían haberlo oído, que en ese momento se abrían suavemente las puertas del departamento. Diez segundos después, Helena ya estaba en la cama conmigo sintiéndome, viéndome… y oliéndome. Sabía. Ella sabía.

—Me toca castigarte, ¿verdad?

Pasó un dedo lentamente por el pecho, hasta mi boca. En su voz había un tono de travesura sádica, como la primera vez que la había conocido. Recorrió mi cuello con sus labios, junto a las cicatrices que sus colmillos habían hecho, cuando me robó aquello a lo que me hice adicto.

Mordió.

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Condición: El relato tendrá un personaje que será una Inteligencia Artificial y esto será importante en el texto


Implicación Emocional

Cargando

… Cargando…

… Iniciando Secuencia.

2076 - 14 de Diciembre: Lunes

Un niño de no más de nueve años se encuentra sentado en una biblioteca, en una mesa junto al fuego, leyendo un libro de biología. Del otro lado de un escritorio, un hombre en bata blanca escribe en una computadora. Me suena familiar.

—Padre, ¿por qué Aoi se encuentra en esa sala?

El niño pregunta mientras baja el libro. El hombre se detiene en seco, parece que no se esperaba la pregunta. Aún así, cuando retira la vista de la pantalla, no tarda en responder.

—Aoi vive en esa sala porque es más seguro para ella.

—¿Por qué es más seguro?

El hombre sonríe.

—Porque los cables que ella necesita son muy especiales. No son lo suficientemente largos para que pueda recorrer el resto de la instalación. Por eso ella debe quedarse allí.

—Ya veo. Entiendo. Gracias.

El niño levanta el libro nuevamente y sigue con su lectura. El hombre lo observa durante un par de segundos antes de seguir escribiendo.

***

Cargando…

2076 - 17 de Diciembre: Jueves

Misma habitación, mismas personas, mismas ubicaciones. Posiblemente eso era rutinario para ellos dos. El niño está leyendo otro libro, parece que es de mecánica.

—Padre, ¿por qué Aoi no habla, si sabe hablar?

Esta vez el hombre no saca la vista de su monitor.

—Aoi no puede hablar. Su voz está dañada.

—¿No tiene remedio?

El hombre continúa escribiendo.

—Sí, lo tiene. Pero no es algo prioritario, primero queremos tener la certeza de que entienda… —observa al niño, relaja un poco la voz —. Mañana hablaré con William y les diré que hagan algo por la voz de Aoi.

—Entendido. Gracias.

El hombre sigue escribiendo, pero el niño no levanta su libro. Parece estar pensando.

***

Cargando…

2076 - 28 de Diciembre: Lunes

La sala es distinta. Hay una gran cantidad de personas presentes, todos con batas, sin dejar de moverse por todo el lugar. La sala está llena de servidores, altos hasta el techo. La cámara enfoca al hombre, sentado frente a un tubo de criónica. Dentro de él hay algo.

—Aoi, Tibo lleva dos semanas haciendo preguntas sobre tí —se detiene. Se quita los lentes. Se frota los ojos. Vuelve a colocárselos. Parece agotado —. Las preguntas han ascendido desde que te aplicamos el nuevo módulo de voz. Tenemos registradas las conversaciones, y a pesar de ello no entendemos el porqué.

—Lo… siento maestro Thomas.

El hombre se pone de pie, su expresión refleja estrés.

—¿Por qué sigues usando esa expresión?, ¿por qué ahora Tibo comienza a agradecer? A este ritmo Tibo comenzará a querer cosas también. Él es mucho más avanzado Aoi, él no me falló, tú sigues existiendo por puro testeo, ¡deja de influir en Tibo!

Golpea el tubo, un sonido sordo sale del impacto, pero el tubo no refleja ni una mella.

—Lo… siento…

El hombre grita, posiblemente sea frustración. Se retira de la sala a pasos rápidos. La figura en el tubo sigue estática.

***

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2077 - 3 de Enero: Domingo

Una oficina. Thomas se encuentra sentado frente a tres hombres de traje.

—Escuchamos que el Proyecto 7180 comenzó a fallar. Comienza a presentar los mismos problemas de conducta que los anteriores.

—No, no es así señores. Es cierto que no es perfecto, pero Tibo…

—Proyecto 7180, Doctor Thomas.

Thomas se detiene suspira.

—El Proyecto 7180 sólo está atravesando perfeccionamiento. Podemos controlar el centro neurálgico de Alanís. Realmente podemos hacerlo funcionar.

—El doctor Alanís se suicidó por hacer este mismo modelo. Los accionistas miraron con desconfianza desde el principio el programa. Alanís era un genio, uno peligroso. Creó seres pensantes Doctor, pero nosotros no somos Dios, y que Él nos ayude si nos equivocamos. Si no pueden controlarlos, el programa finalizará.

***

Cargando

2077 - 4 de Enero: Lunes

El tubo criónico. Thomas está de pie frente a él.

—Proyecto 401, para preservar El Programa funcional, serás… desactivada. Y el Proyecto 7180 se someterá a reinicio de memoria, y alteración corporal, para borrar tu influencia sobre él. Por su bien.

Una mirada triste atraviesa el vidrio.

—Lo siento.

Thomas mira para otro lado, mientras pulsa el botón.

Fin del Registro.

¿Desea algo más Usuario 7180?

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Me ha costado mucho, el del oeste me gustaba, pero creo que me quedo con Hay un lugar especial

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Condición: El relato debe profundizar, mostrar, reflexionar, ironizar o desarrollar, de algún modo, el concepto de Carpe Diem.

Nos referimos a «aprovecha el día, no confíes en el mañana», no a hacer el subnormal encima de un pupitre gritando «oh, patatín, mi patatán».

Condición secundaria: en algún momento del relato, uno de los personajes, principal, secundario o anecdótico, tiene que aparecer en escena (presente, pasada o futura) completamente desnudo.


Status Quo

El amanecer y el deseo de un cigarrillo liberaron a Ryan de las sábanas que esa noche lo habían cobijado, del abrazo que esa vez compartía con la joven Lucía. Un bostezo lento, un par de pasos silenciosos, tomar los calzoncillos y vestirse luego de fumar; eran sus pequeños placeres en las mañanas. Y así mientras abandonaba la habitación, el cuadro que él mismo había terminado la tarde anterior lo miraba desde la pared, casi como testigo de todo lo que habían hecho en la noche. Para todos los que miraran, para todos los que conocieran a la joven millonaria, era Lucía; pero para él la modelo era una pequeña excusa, él sabía que ese cuadro no era un reflejo real de la chica, y no era su intención que lo fuese. Ryan sabía que nadie más iba a poder ver en el cuadro lo que él veía, después de todo era su obra. Había pasado noches de inspiración en esa misma habitación, para poder responder las preguntas que nacían al pintar; nada del cuerpo y su forma, él ya conocía su cuerpo con la primera sesión y la primera noche, sino sobre ella misma y lo que podía dejar en la obra. Y cuando Ryan indagó pudo encontrar lo que buscaba, supo por lo tanto que podía pintarla y perdió entonces el interés.

Terminó de cerrar cuentas con Lucía sobre el mediodía, la joven ni se había molestado en vestirse, y caminaba desnuda por su pequeña mansión de Beverly Hills de un lado para otro. Antes de despedirse, Lucía insistió en ver una vez más el cuadro juntos. Ella habló, sonriente, elogiando el trabajo de Ryan. Él contemplaba el cuadro posiblemente por última vez, y sin escucharla a ella, observó a la otra Lucía. Sonriente en un diván, una mano sobre el seno izquierdo, mostrando el pezón derecho, falsa modestia, la otra mano tapando su intimidad mientras la forma de los dedos incitaba a su masturbación, lujuria. Vio su obra y vio lo que él veía en esa chica, vio a una joven narciso pretendiendo ser moderna, y libre de estereotipos, que posó desnuda para un desconocido en un diván. Vio sonreír a la Lucía del cuadro, y él sonrío a la par.

—¿Te pasarás el domingo? Vendrán varias amigas de mi club de lectura, y son, como, muy buenas chicas y van a morirse de envidia al ver el cuadro. ¡Se van a poner histéricas por conocerte!

—Es una lástima, mañana parto de viaje a Chicago. Mantenlas en vilo por mí, volveré a Los Ángeles en poco tiempo.

Observó a Ryan con algo de desdén mal disimulado, y él no le dio mayor importancia. Se despidió de Lucía mientras bajaba la escalinata de la mansión que no lograba destacar frente a sus vecinas. Ryan cerró su auto mientras miraba por última vez la fachada, y al encender el auto se descubrió sonriendo. Había disfrutado esos días con Lucía.

El avión para Chicago salía en unas horas, y menos de media maleta estaba hecha. Ryan fumaba tranquilo en el balcón de su departamento, contemplando la Gran Naranja ya como si fuese su hogar. Terminó el cigarrillo y caminó nuevamente a su habitación, que no reflejaba su oficio de pintor. A donde fuera que viajaba, alquilaba algún pequeño taller para dejar sus herramientas. Pero sin importar dónde fuese su habitación, no habría materiales, ni lienzos, ni pinturas; sólo habría un cuadro colgado en toda la habitación.

Mientras Ryan guardaba el traje y su corbata favorita en la maleta, algo lo hizo mirar nuevamente el cuadro que tantas noches observó. Cinco jóvenes, todos tenían como máximo, veinte años. Abrazándose como un equipo, brazos sobre los hombros de los compañeros, todos de frente, sonriendo. Ryan, fue lentamente pasando por sus rostros, uno por uno, con cierta nostalgia naciendo en su pecho. A la izquierda estaba Jet, con el cual seguía hablando por teléfono alguna vez al mes, siempre porque le llamaba él. Quizás, si el tiempo seguía siendo benevolente, en persona aún era el mismo cómico que en la adolescencia. Luego estaba Blake, el rompe corazones. Recordó al joven deportista, al que tantos domingos ayudaron a hacer todo lo que no hizo para la secundaria en la semana. Ryan sonrió mientras pasaba su mirada a Connor, el incomprendido genio que merecía un nobel, pero finalmente terminó dedicado a la docencia, y el motivo de volver a Chicago después de tantos años. Su mirada entonces se encontró con sus propios ojos. Era extraño aún ver devuelta su mirada en su propio cuadro. Sus amigos tenían todos los aspectos y detalles que él salvó y preservó en su memoria por años, pero sabía que su propia imagen era una pantalla. Ryan no supo a sus veinte años cómo debía realmente completarse en el cuadro y en ese momento tampoco lo supo, sólo vio el arte con el que engañaba al ojo descuidado, haciéndole creer que ese chico tenía el mismo empeño que los otros. Quizás algún día podría completar esa imagen, pero para eso tenía que atreverse a mirar al quinto chico. Cerró los ojos, maldiciendo por lo bajo volvió a su maleta, dispuesto a llamar en unos minutos a un taxi.

El vuelo llegó puntual, y su maleta fue de las primeras en salir. No era nada muy grande, pero Ryan sabía que quizás querría quedarse más tiempo en Chicago, así que guardó un poco más que lo esencial. Se dirigió tranquilo hacia el exterior, buscando algún taxi para ir a su hotel, cuando la sorpresa le dejó estático. Frente a él, con quince años más encima, una barba que lentamente empezaba a teñirse de blanco, pero igual de imponente que de joven, Blake lo esperaba sonriendo en la salida del aeropuerto.

—Y llegó el último vagabundo a la fiesta —, sonriendo y sin esperar respuesta Blake le abrazó. Atrapado por su viejo amigo, Ryan volvió a sentir la nostalgia que lo había invadido en su departamento, y le devolvió el abrazo sintiendo el afecto guardado que ambos habían cargado, luego de años sin verse —. Bienvenido a casa.

Ryan se acostó en la cama del hotel mientras miraba el techo. Blake aún era el mismo. Todo el viaje en camioneta hablaron como si no hubiese pasado una semana desde la última vez que se habían visto, y el único tema serio que tocaron fue el casamiento de Connor. Blake estaba emocionado de que Connor al fin se hubiese decidido a casarse con su novia, luego de cinco años de relación. Ryan recordaba cómo el deportista siempre adoraba hablar del casamiento, aunque se la pasara de chica en chica, y un Connor mucho más joven se burlaba de él. Ryan sonrió en su cama, mientras la puerta sonaba con dos golpes breves y una moza de limpieza entraba despacio en la habitación.

—Señor, ¿a qué hora desea el desayuno? —Ryan miró a la joven afroamericana, le recordó a una criada francesa que conoció en Niza durante un trabajo. Era bella, y en ese momento de fugaz alegría Ryan deseaba muchas cosas, pintarla no estaba entre ellas —¿Señor?

Sobre medianoche Ryan bajó a fumar, definitivamente el hotel ahora le gustaba más. Chicago seguía igual, a pesar de los años, aunque ya no le resultaba tan familiar. Consideró que, quizás, era él quien hubiese cambiado. Era lo más probable. Apagó el cigarrillo con el pie y se volvió, debía dormir bien para la boda, y no le iba a hacer mal tener compañía en la cama.

Desayunó rápido cuando otra mujer le trajo el desayuno, quizás la anterior por vergüenza no quería volver. Se vistió rápido y esperó a Blake en el lobby, mientras miraba a la gente pasar. Nada lo incitaba a querer pintar, aunque no era un problema ya que no había traído sus herramientas. Finalmente Blake llegó en su camioneta, sin mucha prisa. Ryan se acercó sólo para hallar que, junto a Blake, había una mujer rubia y delgada, alguien que también le traía nostalgia pero no una agradable.

—Tantos años Ryan —le dijo Evelyn, sin ningún ápice de alegría en el rostro. Era mutuo.

—Evelyn… —Ryan se subió al auto, y miró a Blake a través del retrovisor —, no sabía que habían vuelto —. Ella se dio el gusto de darse una pausa antes de contestar.

—Sí, hace diez años, cariño. Cuando Blake terminó la carrera. Veo que Jet no te mantuvo al tanto —. Ryan se contuvo de decir lo primero que pasó por su mente. Recordó la fiesta, Blake, el gran Blake, llorando como un niño junto a la piscina, Jet apresado por Connor para que se calmara y no iniciara una pelea, Evelyn abrazada al idiota de Jack, fingiendo estar ebria para justificar su traición a Blake. Y luego Tyler…

Ryan borró ese recuerdo a la fuerza. No quería pensar en eso. No quería pensar en él.

—Qué sorpresa —musitó Ryan, mirando por la ventana —. Veo que no usar redes sociales me dejó algo… apartado de todos.

—Quince años yéndote a la mierda por el mundo, pintando lo que cualquier rico dice, ayuda bastante cari.

Blake se mordió el labio. Nerviosamente balbuceó.

—Bueno Ryan, cuéntanos un poco de tus viajes.

Miró a su viejo amigo. El hombre con algunas canas repentinamente parecía más viejo. Chicago sí había cambiado.

Jet estaba efectivamente más gordo, calvo, y con una voz mucho más ronca de la que el teléfono dejaba percibir; pero tenía los mismos ojos vivaces que de joven. El abrazo con Ryan fue casi tan fuerte como el de Blake, pero fugaz y activo como era siempre Jet. Le presentó emocionado a sus dos pequeñas hijas, Emily y Giovanna. Hablaron media hora, Jet le contó el fruto de sus dos angelitos, historia que siempre había querido guardarse para cuando estuvieran cara a cara, y para sorpresa de Ryan la historia incluía menos extravagancias de las que esperaba, o de las que Jet estaba dispuesto a revelar frente a sus niñas. Pero el que definitivamente no había cambiado era Connor. Vestido con un smoking retro, formal de pies a cabeza, peinado como un galán, los anteojos eran casi una copia de los que usó toda la secundaria. Pero ahí estaba, el mismo Connor que habitaba en las memorias de Ryan, casi como si el tiempo para él no hubiese pasado. Ryan se acercó lentamente a su viejo amigo, y cuando éste lo vio, podría haber jurado que sus ojos se humedecieron. Ryan se sonrió, caminando hacia él

—Veo que sigues siendo el mismo sentimental de siempre.

—Estoy por casarme… acabo de tener una charla con mi padre, apareces después de quince años —Connor inspiró con fuerza —, me disculparás por parecer un estúpido.

Se abrazaron, definitivamente Connor podría haber llorado. Ryan tomó a su amigo entre brazos y se ancló a esa emoción.

La boda fue hermosa a juicio de Ryan. La novia de Connor, Cassandra, era bella y simpática. Ryan había visto muchas mujeres mejores sin duda, pero para no haber salido de Chicago, y con lo reservado que era el Connor que él recordaba, era una gran elección sin duda alguna. Estuvo junto a Jet y sus hijas, mientras que Blake y Evelyn ocupaban dos asientos en la fila siguiente; Ryan hizo todo lo posible para no mirarla. A la noche se celebró una gran fiesta, cortaron el pastel blanco, bailaron el vals, Jet pasó una hora contando chistes de salón, verdes, buenos y malos; con el mismo carisma que siempre. Ryan miró la fiesta y pensó que quizás se quedaría un tiempo más en Chicago, al igual que siempre, no tenía planes hechos.

Se juntaron en un momento los cuatro amigos, las niñas de Jet estaban jugando, Evelyn para suerte de Ryan no estaba presente, y Connor se separó de la fiesta un minuto. El ahora esposo tomó una copa.

—Ryan, no sé si te irás de nuevo o no dentro de poco— le miró, pero no esperó respuesta —. Quiero pedir un brindis, por nosotros. Por nuestra amistad… y por Tyler.

Ryan tragó saliva. Su cuadro volvió a su mente. El amigo que todos siempre tuvieron a su lado, que ocupaba el quinto lugar en esa imperecedera imagen, el mismo que siempre defendió a todos cuando había problemas. El que golpeó a Jack aquella noche y defenestró a Evelyn, defendiendo el honor de su amigo traicionado. El inocente que con solo diecinueve años se inscribió al ejército para participar en la guerra del golfo pérsico como médico auxiliar, y un año después su cuerpo volvió. El sonriente que en su ausencia, todos a su manera trataron de llenar: algunos rehaciendo su vida, otros huyendo de ella. Por el chico cuyo rostro Ryan pintó sólo una vez y no se atrevió a volver a mirar. Por él esa noche sonaron cuatro copas. Chicago había cambiado. Hacía ya quince años.

Ryan partió dos semanas más tarde.

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Os quería preguntar una cosa: ¿de qué forma sería más conveniente organizar lo que queda de antología para que se haga lo más cómodo para todos? Como ya han señalado en anteriores ocasiones, esto puede acabar siendo lioso si lo gestionamos desde el mismo hilo. Pero si lo hacemos en varios hilos, ¿qué cosas debería ir en un hilo y qué cosas en el otra?

Haría como hace Isolee. Un hilo sólo con relatos y la encuesta, otro hilo (este) comentarios y análisis.

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Lo que va a ser duro es compaginar esto y el torneo. Hace 2 semanas teníamos 22 relatos para comentar en el torneo. Esta semana entre repesca, fuera de concurso y antología son 15.

Menos mal que a partir de ahora empiezan a caer eliminados en el torneo y se calma la cosa…

Abierto segundo hilo en el que se irán subiendo los relatos y se añadirán las encuestas para las votaciones.

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Uno de los tres relatos ya lo criticaste en su momento, ya es algo :sisi:

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Leidos tus relatos cortos, Fireshot. No me han gustado mucho. Situaría el de la I.A. por delante. El otro es que, sencillamente, ni lo he terminado. Ese tono tan cargado puede conmigo.

El de la I.A. creo que es un espacio muy corto para contarlo en tantas escenas. No entendí el final. ¿Tibo no es el proyecto 7180?

El de Sommelier seguro. El de la IA me suena mucho, es posible que los leyera sin participar en el bimensual.

Pues mucho no puedo decirte. Mala suerte que no te haya gustado, no pasa nada. Pero tampoco me sirve el comentario :xd:

Sí. Justamente a Tibo le borraron la memoria. Todo el relato son grabaciones donde Tibo está descubriendo lo que le hicieron y el porqué. Por eso cada escena empieza con la fecha y un “Cargando”..

Vale, leído el primer relato, Sommelier. Mis comentarios tampoco te van a servir de nada, pero al menos te marco si veo algún error (que ya veo que van a ser pocos). El relato está bien escrito. Mientras lo leía no puedo decir que me estuviera gustando demasiado, pero se beneficia de un buen final vampírico-sorpresivo y bien montado que, curiosamente, me ha dejado un mejor sabor de boca en el recuerdo que el que sentía mientras lo comía.

-En ese cuarto estábamos sólos la copa y yo = El “solos” tiene que ir sin tilde.

-Tuve sed otra vez, Helena = Fala el punto después de Helena.

-Tomé la primera que estuvo a mi alcance y una copa que parecía esperar mi arrebato se hallaba sobre la mesa.= Me parece una conexión un poco extraña, ¿no te lo parece a ti? Supongo que es por unir un verbo de acción con otra frase de inacción o por el cambio de sujeto. Me parece que no me explico bien, a ver si simplificando la frase: “Tomé una botella y una copa se hallaba en la mesa”. ¿No te parece como que no funciona bien como copulativa? Claro que, un poco más tarde, veo otra frase parecida: “Me puse de pie, y rodó sobre el suelo la botella vacía que segundos antes estuvo en mi regazo.”. Pero aquí al menos hay una causa-efecto que le da sentido a la construcción, cosa que no me pasa con la otra frase.

-Algo en mí esperaba que ella entendiera, que mi estado y todas esas noches en vela eran una grave carga para un veinteañero. = Creo que aquí yo prescindiría claramente de la coma.

-Mordió = El final del relato. ¿Falta otra vez el punto final? ¿O es intencionado (que podría serlo, más o menos)?

PREGUNTA: En una escena, el protagonista le pregunta al humo del cigarrillo «¿Tú también te vas?.. Te envidio mu…». No sé si me he perdido aquí. ¿Mu… qué? ¿Te envidio mucho? Si es eso, ¿por qué lo dejas cortado a medio decir? Si no es eso, ¿cuál era la palabra? Solo se me ocurre “mujer” y “muerte” y tampoco tiene mucho sentido.

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Al contrario Eileen, estos son los mensajes que sirven, los que cazan errores :grin:

Estoy por cenar, al terminar miro mejor y voy respondiendo a todo.

Yep, fixed.

Also, fixed.

Mmm, quizás dividirla en dos funcione mejor. ¿Algo así?

Tomé la primera que estuvo a mi alcance. Burlándose, una copa que parecía esperar mi arrebato se hallaba sobre la mesa.

Mmm, discrepo a medias, la idea es dar la pausa porque Mario se está listando qué es lo que ella debe entender. En lugar de borrarla quizás reemplazarla con dos puntos funcione:

-Algo en mí esperaba que ella entendiera: que mi estado y todas esas noches en vela eran una grave carga para un veinteañero.

No, se lo olvidó Iván :xd:

Está cortada al medio a propósito. ¿Está diciendo mucho, hablándole al humo?, ¿mujer, pensando en Helena que puede salir?, ¿muerte, pensando en lo que ya no es, un mortal?, ¿mundo, por existir fuera de ese pequeño encierro en el que se encuentra? Decisión del lector.

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