El descenso a los infiernos de Simón Pérez y Silvia Charro: "Esto no acabará bien"


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El descenso a los infiernos de Simón Pérez y Silvia Charro: "Esto no acabará bien"

Se humillan en vídeos a cambio de donaciones de 20 euros mientras su aspecto físico se deteriora por momentos. Un descenso en barrena retransmitido en directo.

El 12 de diciembre fue el primer día del resto de las vidas de Simón Pérez y Silvia Charro. Aquella mañana, a primera hora, Periodista Digital emitió un vídeo de ocho minutos en el que se veía a la pareja comentar los tipos de interés en un estado de consciencia delirante. Pérez, con la lengua trabada y aspecto de no haber dormido en varios meses, recomendaba a los espectadores una y otra vez contratar una hipoteca a tipo fijo. “¡Es dinero regalado!”, repetía, machacón. A su lado Charro, experta en el mercado inmobiliario, esperaba a que le diesen paso haciendo unos gestos a cámara difíciles de encontrar fuera de un ‘after’. Ese vídeo logró 4 millones de reproducciones, récord absoluto del medio, fue ‘trending topic’ varios días en Twitter y acabó en las televisiones de todo el país.

No era su primer vídeo. De hecho, Pérez, licenciado en ADE y profesor en la Escuela Internacional de Administración y Finanzas (EIAF), llevaba un tiempo colaborando con Periodista Digital y televisiones como 13tv. Sus intervenciones públicas, en ocasiones polémicas hasta la ofensa, habían degradado su imagen como economista dentro del sector, pero pocos esperaban que el nuevo ‘lobo de Wall Street’, como a Simón le gusta considerarse, acabara protagonizando los ‘memes’ de todo el país.

En aquel momento Silvia llevaba medio año trabajando en Engels & Völkers, con seguridad la inmobiliaria más pija de Madrid. Cuando Simón, su marido, le llamó para ir a grabar, estaba en la comida de Navidad de la empresa. Charro sostiene que pidió permiso a su jefe para representar a Engels en el vídeo y que se lo concedió gustoso. Al día siguiente, cuando se despertó, tenía 27 llamadas perdidas del responsable: “Me dijo que qué era aquello, que se nos iba la olla, que qué vergüenza”, dice en uno de sus vídeos. Fue inmediatamente despedida.

A Pérez no podían despedirle al ser cofundador del EIAF, pero su socio, Joaquim Altes, no tardó en despeñarle. Tres días después de su salto a la fama, el EIAF emitió una nota cesando de sus cargos y desvinculándose por completo del economista. No fue suficiente: Pérez había utilizado el nombre de la escuela para aparecer en los medios y la reputación de ambos, entidad y humano, se hundió a la vez. “Tuvimos que cerrar la escuela, ya no existe ni la página web”, dicen desde la dirección del centro. El único negocio que conserva Pérez, según el registro mercantil, es la consultora Panoramia Invests, donde figura como administrador solidario junto a Altes. Precisamente allí conoció a Charro, la que fue su secretaria personal durante más de tres años, posteriormente su alumna en el EIAF y, finalmente, su esposa.

Hoy nadie en el sector financiero quiere hablar de la pareja. O sí, pero sin que su nombre se asocie de ningún modo con ellos. “Son altamente radioactivos”, dice Alberto, un economista (con nombre falso) que ha compartido platós con Pérez. “Todo esto se veía venir. Simón iba demasiado a las televisiones, forzaba mucho el histrionismo, la extravagancia, y eso es una cosa que funciona con los televidentes, pero en el mundo económico es fatal”, afirma. “Hablamos de gestionar las carteras de la gente, no lo olvides”, continúa, “si fuera tu panadero pues fenomenal, te ríes un rato todos los días, pero quizá no estés tan contento de dejar tu dinero en manos de una persona a la que toda España identifica como adicta a los estupefacientes y que, para colmo, no parece ser consciente de lo que está sucediendo”.

El economista pronuncia un aspecto clave en todo este proceso: la insistencia de la pareja en negar la mayor. Horas después de que el vídeo se propagase, Charro volvió a comparecer en público, en pijama y visiblemente cansada, lamentando los insultos y las reacciones al vídeo: “Cómo os habéis pasado con una chiquilla que ha hecho un video de cinco minutos”, dice a cámara refiriéndose a ella misma. Simón fue más allá: en primera instancia rechazó haber consumido ninguna sustancia y más tarde explicó que todo se trataba de una estrategia para promocionar su nueva empresa. “Queríamos parecer tiburones financieros, capitalistas, materialistas e inmorales, no colocados”, dijo en televisión. “Pero no me arrepiento de nada, volvería a hacerlo”. Por si quedaba alguna duda, durante esos días circularon por WhatsApp varios vídeos de la pareja, completamente ebria y con amigos, en torno a una mesa llena de cocaína.

Apenas habían pasado tres días desde la publicación del vídeo original y las televisiones se pegaban por ellos. Varios productores les seguían la pista, tratando de cuadrar a toda prisa el torrente de interés en un formato televisivo. Lidia es el nombre ficticio de una de ellas. “Desde el primer momento me di cuenta de que no iba a ser fácil trabajar con ellos”, explica. “Silvia es una persona tranquila, tanto que no da juego en pantalla. Normalmente espera a reaccionar al discurso de su marido, que por otra parte es imprevisible. Me daba miedo llevarles a plató y que acabasen hablando de cocaína en horario infantil, si te digo la verdad”. Nunca terminaron de cuajar en la televisión. “Simón tenía muy claro su papel, quería ser visto como el Lobo de Wall Street, pero su discurso era muy agresivo y no gustaba ni al público ni a los otros compañeros que estaban allí”, dice Lidia, que recuerda un roce que tuvo con el cantante Ramoncín en Intereconomía: “Se notaba que quería ser el malo, iba demasiado pasado de rosca, presumiendo de cobrar las horas de clase a 150 euros… es un perfil muy ‘trash’ para televisión”.

En algunos programas sus intervenciones se cortaron abruptamente por temor al tono que estaba alcanzando el debate; en otros, como El Hormiguero, se les grabó pero nunca se emitieron las imágenes en abierto. “Era un programa especial de parejas, ellos solo tenían que aportar 40 segundos de respuestas, pero revisando el material vimos que se contradecían mucho, no teníamos la certeza de emitir algo que fuera cierto. Decidimos cortarlos porque eran muchas complicaciones para un fragmento de programa que pretendía ser simpático”, dicen desde la productora de Pablo Motos. En aquel momento Lidia, que seguía intentando encontrarles un hueco en la parrilla, entendió que su futuro no estaba en la televisión: “Empezaron a irse a fiestas, en Madrid o en otras ciudades, en las que solo les pagaban las copas… y lo que pidieran, vamos, pero ni siquiera cobraban por ello. Ellos me decían que era para darse a conocer, que se lo pasaban muy bien haciendo el cafre en las discotecas, pero la realidad es que aquello no era compatible en horarios con una vida normal”.

La pareja entró en barrena. Lidia sostiene que cada vez le costaba más encontrarles operativos de día y dejó de llamarlos. Este periódico ha tratado de ponerse en contacto con la pareja durante toda la semana sin éxito. Sus móviles están todo el día apagados y los mensajes, leídos de madrugada, no tienen respuesta. “¿Has probado a ofrecerles dinero? Yo creo que es lo que más necesitan”, dice Lidia.

Pero no es necesario pagar a quien emite cinco horas de su vida al día en directo en YouTube. La pareja creó su propio canal con el objetivo de entrar en el programa ‘Supervivientes’, de Telecinco, y lo mantuvo tras ser rechazada su candidatura. Ya se había corrido la voz entre las televisiones de que Simón y Silvia eran demasiado ‘freaks’ incluso para ser un ‘freak’ televisivo, de modo que el matrimonio optó, otra vez, por redoblar la apuesta. “Les he seguido todo este tiempo de cerca. Al principio, cuando salían en televisión, nos moríamos de la risa en los grupos de WhatsApp”, relata el economista Alberto, “pero cuando se hicieron ‘youtubers’ la cosa empezó a ser mucho más triste… seguíamos compartiendo los vídeos, hasta que un día alguien escribió ‘esto no acabará bien’ y todos nos caímos del guindo. No hemos vuelto a pasarnos sus vídeos”.

Lo que ha venido después es un espectáculo de degradación humana en vivo. “Hasta este momento todo podía solucionarse”, dice Alejandro Domínguez, experto en reputación digital de Apple Tree: “Aparecer drogados en un vídeo es algo grave, pero no necesariamente definitivo. En Estados Unidos hemos visto casos como el de Clinton con su becaria o el de Trump diciendo que le gusta agarrar a las mujeres por los genitales y ambos han pasado por la Casa Blanca. En España somos incluso más permisivos con las ‘cagadas’, y por supuesto lo de Simón y Silvia podría haberse remontado con mucho trabajo. Solo había que dejar pasar las navidades y reaparecer con otro discurso completamente distinto”, continúa. “Lo que no se puede arreglar es que hayan decidido crearse unos personajes totalmente chalados en internet y, además, es inexplicable en una pareja tan joven y con formación en economía”.

Aunque las imágenes apunten otra realidad, Simón Pérez tiene 34 años y Silvia Charro 31. Ambos son catalanes, de ciudades dormitorio de Barcelona, y procedentes de familias de clase obrera. Simón se licenció en administración de empresas, ha escrito un libro y es profesor desde los 25. Silvia abandonó la carrera y trabajó como camarera hasta que consiguió el puesto de asistente de Simón. Más tarde, Silvia aprovecharía esta experiencia profesional para acceder a un máster —en el EIAF, dirigido por Simón— y completar sus estudios superiores. La primera noche que Silvia y Simón salieron terminaron tatuándose, de madrugada, un reloj de arena cada uno en el brazo. Desde entonces no se han vuelto a separar.

El canal de la pareja en YouTube, vetado por Google esta semana debido al tono de sus contenidos, es un bazar persa en el que se puede encontrar de todo. Pérez tiene claro que necesita llamar la atención y nada es demasiado para conseguirlo. Desde insultar al ‘expresident’ Puigdemont a declararse “devoto del dios dinero” pasando por tatuarse la bandera de Tabarnia en el pecho o dar clases de criptomonedas. Todos los días revisa quién habla de ellos; cuando llevan dos semanas sin ser mencionados, “ya sé que hay que liarla”, dice Pérez en YouTube. Al calor de esta laxitud moral han surgido miembros de Forocoches, que por pequeñas donaciones económicas obligan a humillarse a la pareja en directo. Es el mismo sistema que utilizan los chats porno: los usuarios envían peticiones, la actriz le pone un precio a cada una y, si se llega a un acuerdo, se realiza la escena personalizada.

Los forocheros consiguieron que Simón y Silvia se tatuasen el logotipo de su foro por 200 euros: él, en el hombro, ella en una nalga. El logo de YouTube se lo tatuaron gratis. Después, Simón se rapó la cabeza al cero por otros 100. “Pay-pay-pay-pay”, les dice a sus televidentes en el vídeo superior mientras negocia con ellos grabarse una esvástica “o la cara de Puigdemont” en la espalda por 1.000 euros. Simón ha posado con ropa interior femenina y ha llegado a grabar —o simular— una felación con su esposa. Pero la idea no está funcionando —a pesar de que la pareja cada día intenta cosas más extravagantes a costa de su prestigio— y esta semana solo han conseguido recaudar 187 euros.

“Ser un ‘freak’ de las redes sociales implica que a los pocos meses nadie se acuerda de ti, es siempre una apuesta cortoplacista”, dice Alejandro Domínguez. “Pero no consigo entender cómo todo esto puede formar parte de un plan, de qué forma estas patochadas pueden ayudar a la carrera profesional de Simón y Silvia. Al contrario, lo que se percibe es que estas personas han salido del cascarón y están disfrutando del personaje que han creado, metiéndose cada vez más en su propia fosa”. Alberto, ya muy separado del día a día de Simón Pérez, tampoco es optimista: “Tienen que volver a la Tierra, porque ahora mismo viven en Marte rodeados de foreros, jóvenes que les invitan a copas y ‘traperos’ que les lucen en las discotecas como trofeo ‘trash’. Y tienen que dejar de mentir, de decir que tienen muchas ofertas de trabajo, porque es la mejor manera de que no te lleguen nuevas ofertas. Ahora van diciendo que trabajan en NeoTecalia, que no es siquiera una mercantil, sino una página web hecha en dos minutos con un número de contacto que no funciona”, lamenta Alberto.

Cualquiera que haya conocido a alguien con problemas con el alcohol o las drogas sabe que en algún momento afecta al trabajo. No es raro y tiene fácil solución, lo especial de este caso es que el descenso a los infiernos de Simón y Silvia lo estamos viviendo en directo. Parece que les hace gracia, que todo va según lo previsto, como si no se diesen cuenta de que la huella que han dejado estos meses en internet les perseguirá toda su vida”, concluye en experto en reputación digital.


#2

Todo culpa de forocoches y su increible habilidad de darle alas a los subnormales


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Si que se paga barato la dignidad hoy en dia


#5

Uf, muy duro, ¿eh? Creo que les habría sido más fácil haber reconocido en su momento que se metieron unos tiritos y tratar de salir al paso con un “mea culpa”, pero han decidido arrastrarse por el barro de la manera más humillante. Por lo que cuentan aquí, el problema sobre todo es él, que es el que está descontrolado de serie, mientras que ella parece más influenciada por él. A Simón me lo veo acabando muy mal.


#6

La verdad, estos dos elementos no me dan ninguna pena… No porque se droguen (que cada uno haga lo que le de la gana con su vida) no me dan pena porque es un fulano que defendía que los que menos tienen se tenían que joder y la gente como el debía vivir cojonudamente siendo egoístas y siendo como el dice un “lobo de wall street”.

Ironías de la vida.


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#8

Todo son risas hasta que un dia se pasen de verdad y la palmen. Se están aprovechando de dos personas con serios problemas de adicción. No todo vale en Internet.


#9

Madre mía, están en la más absoluta miseria.


#10

Me dan mucha lástima :persevere:


#11

Van a caer en la droga.


#12

Lo previsible en los yonquis: lo que sea para poder meterse más mierda en el cuerpo. Por mi parte pena ninguna.


#13

Bueno. Ella no parece haberse hecho un personaje así. Siempre está a tiempo de irse por su cuenta


#14

Yo es que este tío lo recuerdo de esto…

Por lo tanto este individuo me parece que tiene lo que se merece… Si no fuera ateo diría que es justicia divina.


#15

Normalmente os montáis unos buenos hombres de paja con esas cosas.


#16

Varias veces


#17

Espera, espera. ¿Te parece defendible lo de ese personaje que iba clamando a voces estar por encima de la plebe y los pobres?

No, si empiezo a entender cosas


#18

De hombre de paja nada, cada vez que este tío abría la boca decía autenticas barbaridades sin necesidad de que nadie tergiversara sus palabras (es lo que tiene tener una boca como un buzón, pocos escrúpulos, y salir por TV).


#19

Si, me acuerdo que abri un hilo cuando retransmitian en directo, todo muy triste, espero no verme nunca asi


#20

A mi si me da pena el ver como se usa el poder de un megaforo para clavar la puntilla a estos seres, prefiero la pacotadas aunque no me toquen