Díptico sobre los divorciados

Un par de artículos de Alberto Olmos sobre los divorciados. A ver si acaba siendo un tríptico porque son muy divertidos, sobre todo acompañados de los comentarios :joy:

Los divorciados se reconocen entre ellos. Los delata una sutil pesadumbre: carecen de escapatoria. Están a cargo de uno o varios niños y nadie va a venir a ayudarlos, y por eso están ensimismados, porque buscan en el niño que cuidan alguna clase de compañía. Hay, desde luego, no pocas situaciones donde un adulto puede verse abocado a cuidar él solo de varios niños. Sin embargo, un divorciado sabe cuándo un único adulto a cargo de dos niños está también separado. Es, amigos, la textura insólita del tiempo , horas demasiado masticadas.

Hay, en esas escenas de madre con su hija a solas en un bar, un tramo de vida donde no habla nadie, y el camarero viene y va, y la niña se entretiene con el tenedor, y entonces la madre pierde la mirada hacia la pared y piensa cosas apoteósicas. Estoy sola , estamos solas, estamos siendo miradas. Y, de hecho, lo están, quién sabe si por otro divorciado.

Existen saberes especulares, que llegan con el suceso: te pasa algo y entonces sabes qué le ha ocurrido a otro. No hace falta conversación. Está ahí todo escrito, en las caras , en las elipsis y en determinadas formas de mirar el móvil. O de no tener que mirarlo ya.

Y luego está el camping . Es un sitio curioso, un camping. Hablo de esos espacios inmensos al pie de la sierra donde se levantan casitas más o menos monas que responden al nombre exageradamente sofisticado de bungalows . Las tiendas de campaña, si alguna vez tuvieron atractivo, quedan muy por debajo de las aspiraciones de hacer el ridículo de un adulto con hijos. Estos campings son el pueblo de los que no tienen pueblo , y mucho mejor, debo decir, porque al pueblo de los abuelos hay que volver por los abuelos, pero al camping hay que volver por los hinchables.

En el camping reticular, con diez o doce calles, decenas de casitas de madera junto a casitas de plástico junto a roulottes junto a casas propiamente dichas, de ladrillo y con nombre en letras de forja, en este camping, digo, está toda posibilidad de huida. Habrá anacoretas y medio locos, y hay familias enteras, con muchos cuñados y primos , y extranjeros variados y quizá un amplio abanico de clases sociales. Y hay, que es a lo que vamos, divorciados y divorciadas estrenando la mutilación de la familia. Han venido al camping porque les quedaba más a mano que Alaska .

Las madres de hija única abundan, y es curioso ver cómo la niña es calcada a la madre , sólo que más joven, mucho más joven, pero con la tristeza exactamente en el mismo punto. Esto, por si necesitan aval científico, lo he visto dos veces. Vi a una madre de unos cuarenta junto a su hija de unos diez, y se notaba que sus cuerpos eran dos cortes genéticos en el tiempo, totalmente iguales, sólo que uno maduro y el otro en agraz. Pero su desoladora tristeza era idéntica en altura. La madre sabía por qué estaba triste (un exmarido quizá espantoso, un divorcio tal vez terrorífico, cientos de lances maritales en carne viva aún en su memoria) y la niña no sabía por qué estaba triste, pero el eco tampoco sabe por qué suena .

La otra madre, de este verano, era una mujer bellísima de pelo rojo, y su hija, de ocho años o así, era una princesita de pelo también fulgurante. No estaban tristísimas, sólo calladas. Hacían piscina alrededor de las cuatro de la tarde y la madre resultaba tan pensativa que parecía no haber acabado de salir de esa escena de actriz secundaria que le habían dado en una película francesa , cuando entonces. Ni se metían en el agua ni hablaban entre ellas. Creaban un tempo propio en el tempo frenético de las piscinas de los campings, donde alguien siempre está corriendo de un lado al otro, pisando toallas. Ellas, pelirrojas lánguidas, se arropaban en siestas sobre césped que duraban horas, y de las que salían con la caricia de una brizna pegada al muslo.

Como el camping es un pueblo con habitantes aleatorios y evanescentes, todos los campistas son forasteros para el otro, y se mira al vecino como si ese fuera tu pueblo y el vecino acabara de llegar de muy lejos. Así, salvo el cogollito de habituales de un camping, todos los demás deben enfrentarse al cálculo ajeno inmediato. De este modo, el divorciado o divorciada ve volar sobre su cabeza las aritméticas sociales , ese un-adulto-con-varios-niños, que según pasan las horas, y apenas un día, se confirma como antinatural. O sea, fruto del divorcio.

Este descubrir un divorciado de vecino, cuando tú has llegado en coche con tu mujer o tu marido y dos niños, peleando en cada semáforo, da mucho gusto a las familias resistentes. Resistir es lo propio de las parejas con hijos aún no rotas; ni amor ni hostias . Y la nostalgia es lo propio del divorciado, de la divorciada, esa mirada para abajo y esa tristeza no de lo perdido, sino de lo imposible. Divorciarse es un fracaso; enviudar , sólo una desgracia.

Al final, ¿quién no acaba divorciándose?

El divorcio asoma por todos lados en un camping familiar. Haces una cola para una proyección de Coco y ya delante mismo tienes a un padre diciéndole a su hijo (captas sólo retazos de conversación) : «Él va a ser siempre tu hermano. Los hermanos son siempre hermanos. Pero mamá y papá no siempre van a estar juntos, pueden dejar de ser…». En la piscina escuchas: «Ya no me enamoro más. Si me separo, custodia una semana y la siguiente, a escalar». Está todo el mundo haciendo grandes planes para esa semana sin hijos del futuro. No saben que los planes realmente épicos son los de la semana con hijos.

Porque, siendo crudos y sinceros, hay algo que no está bien en un adulto fingiendo familia con sus hijos en un camping. No es la falta de la madre o del padre. Es la falta del contraste. Es bonito que a los niños los eduquen dos personas que discuten y no una que siempre tiene razón. Que los críos no sepan a quién obedecer. Que le pregunten a un adulto qué le pasa al otro. De todas las infelicidades, la de la familia como Dios manda me parece la mejor pensada. Una mesa con tres patas se sostiene, pero con cuatro patas parece más una mesa. Simplemente no cree uno que vaya a volcarse nunca.

Es lo que hay, pensaría la mujer triste y la mujer hermosa y sus hijas respectivas, si supieran las niñas lo que significa respectivo. Es lo que hay. Divorciados, divorciadas, campings en la sierra . La solidaridad entre ellos es muy tierna, y se parece un poco a ligar. Anda a hablar con esa niña, le dices a tu niña. Anda a hablar con ese padre, le dirá de alguna forma luego la niña a su madre, calculas, como haciendo carambolas con la infancia.

Y desde lejos pareceremos familia .

Las chicas tenían veinte años e iban medio desnudas . No les pregunté la edad, pero iban medio desnudas. Llamo medio desnuda a estar en un lugar público en tanga de cuero y sujetador de lo mismo, y haber pagado para entrar. En realidad sólo había cuatro o cinco chicas vestidas así, pero es que hay que empezar los artículos con lo que más rabia provoque. Las chicas medio desnudas provocan, sobre todo, mucha rabia.

Divorciados en el camping me quedó muy triste, como que los divorciados no se divierten. Sí se divierten . De lo lindo.

A veces van a fiestas techno en locales subterráneos y salen de allí a las seis de la mañana, y se dicen: «Sí que estuvo bien divorciarse, sí; si no, no hubiera estado seis horas escuchando techno alemán con casi cincuenta años. Eso que me llevo a la tumba, el techno alemán».

Había cola. Un divorciado lleva tiempo sin salir y hacer cola siempre le parece rejuvenecedor. Lo malo es que la cola la forman personas que tienen la edad que tú tenías cuando tu padre tenía la edad que tú tienes ahora . Quiere decirse que ahora tenemos los hijos más tarde, pero alguien a quien doblas la edad sigue parecerá fruto posible de tus entrañas. Las chicas de veinte años en tanga hacían cola también. Era raro ver a tu hija en tanga en mitad de la acera, una noche.

Las esperas en clubs y salas y afters se llevan con excitación . Incluso divorciado y de vuelta de todo, parece que dentro de ese lugar donde te dejarán entrar en algún momento pasan cosas extraordinarias . Debía de ser así, porque un tipo empezó a recorrer la cola pidiendo a todo el mundo que sacara su móvil . Luego le ponía una pegatina circular pequeñita al objetivo de delante y otra al objetivo de detrás del teléfono. ¿Tan bueno era el artista techno ? ¿Tan exclusiva su sesión, que no podía fotografiarse? «No queremos que grabéis a la gente», oí.

Siempre me ha molestado la asociación que suele hacerse entre drogas y juventud . La juventud no se droga, se drogan los drogadictos. Y los drogadictos, si todo va bien, crecen. Así, lo que tenemos es un porcentaje muy pequeño de españoles que se droga desde los veinte años hasta la muerte . Delante de mí, deduje, desfilaban futuros ministros, diputados, presentadores de televisión y actores , por nombrar lo más rumboso del futuro. En general, drogarse asegura tu porvenir, y por eso hay tantos fracasados.

La sala era enorme y con neón azul y muchos cuartos de baño. La gente vestía de negro y los divorciados eran fácilmente localizables porque no vestían de negro . No estaban en la pomada, no estaban in , no sabían de qué iba el rollo. ¿Cómo se dice ahora? No molaban una mierda.

Volver a las copas, para un divorciado, es consumar el divorcio. La primera copa del divorciado sabe como la que te tomaste con dieciocho años por gregarismo juvenil y eligiendo el combinado por el color. Sabe a que conviene acostumbrarse a la amargura .

«Es la falta de amor la que llena de gente los bares», cantaba La cabra mecánica . Es la falta de correccionales lo que llena de gente las salas techno , deduje. Todos drogados . La droga eminente era el MDMA, como cuando éramos pequeños. En los baños podías encontrar restos de cocaína y de delincuencia. Ketamina , escuché. «¿Se me nota?», preguntó alguien. Yo ignoraba los efectos de la ketamina (ignoro de hecho si se escribe con k, pero asumo que queda más guay), así que, asumí también, sólo si esa persona caía muerta y su alma empezaba a abandonar su cuerpo yo le diría que se le notaba.

Para fumar había que salir a la calle. Yo creo que hemos progresado mucho en salud y bienestar público. Para fumar había que salir a la calle y para tomar MDMA había que entrar .

¿Y la música? Sonaba. Nunca he asistido a un evento musical donde la música importe. Vas a drogarte o a ligar. La música en directo está para que no se te note tanto . Los músicos lo saben y por eso son los que más ligan y los que más se drogan.

Pero, por brindar un escolio, era una música que sonaba como si al final le fueras a dar la razón . Gustaba mucho a la gente que se había drogado, y mucho menos a la gente que trataba de ligar. O sea, a los divorciados el techno no les va mucho, amigos.

Como todo el mundo estaba ido, nadie ligaba. Como todo el mundo tenía veinte años y unos padres que les dejaban salir a la calle en tanga, era poco aconsejable para el divorciado tratar de ligar con ellos. Mi hija puede salir a la calle en tanga y sujetador de cuero negro, tomar cuatro rocas de MDMA y cinco gramos de ketamina (no sé si la ketamina va por gramos: especulo), pero no puede liarse con un tío de cincuenta años como tú . Era algo que flotaba en el ambiente. Por si no lo saben, lo único que flota siempre en un ambiente es el pesimismo.

Los divorciados se divertían mucho, aún así, no se crean. Sentados . Contándose los hijos, los divorcios, un camping. Sin poder escuchar sus propias palabras ni, de hecho, sus propios pensamientos. Mirando el reloj. Las cuatro de la mañana. Las cinco . La juventud ofrecía drogas a sus padres putativos. Había rayos de luz trazando un abanico de colores sobre las cabezas en penumbra. La gente ya fumaba dentro, como si hubiera entendido que lo único que te queda en la madrugada de la vida es romper alguna norma . Los divorciados se drogaban más que nadie, con su propia melancolía. Bailaban mal. Se besaban con aquella divorciada cuya melancolía fuera tan estupefaciente como la suya. A nadie le importaba ya nada.

El techno va de que ninguna cosa le importa ya nada a nadie nunca más. La juventud lo sabe ; y los divorciados, más. El techno no es otra cosa que silencio hacia fuera.

Ir de fiesta divorciado es como llegar tarde a tu propio entierro. Probemos otra vez: ir de fiesta divorciado y con hijos es como que no te llamen para hacer Top gun 2 porque eres una vieja horrible y fea y a nadie le gustas, y aún así comprar la entrada e ir al cine a ver la película donde nadie quiere que salgas .

Y reconocer que sin ti la película es mejor .

Un saludo

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tengo prima divorciada campista con 2 hijos y espero que lea el artículo XD

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Vaya colección de gilipolleces

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El M debería ser como la leche: tras un tiempo sin tomar, te deberías volver (y te vuelves) intolerante. Pocas cosas hay más tristes en un entorno de fiesta que aquél que tras unas décadas vuelve a la droga.

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Puede unirse al resto de comentarios indignados :rofl:

Un saludo

Calvo’s opinion: DISCARDED

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Cuánta maldad, más le vale no divorciarse.

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Lo de que el camping es el pueblo de los que no tienen pueblo es totalmente certero.

Divorciadas?

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Me he leído sólo algunos cachos, pero parece un texto para recordarte que no tengas hijos y así no pasar por un divorcio con hijos

Además de que todavía no ha asumido que mientras tengas una mente plástica no existe la diferencia de edad, es normal que la gente se mezcle con gente que se lleva mucha diferencia de edad, pero que a él le afecta el concepto “podría ser su padre”

Y que como si la gente va en bolas, qué obsesión con los tangas

Aunque quizás luego me lo leo bien, no vaya a ser que me este liando por no haber prestado atención a semejante biblia :rofl:

Vaya sarta de topicazos y desprecios. Pone a los divorciados como seres que se sienten sólos, ahogados en una desesperación con sus hijos. Anda que no conozco gente divorciada que estando así es más feliz, que se siente querida y acompañada por hijos, otros familiares, amigos o nuevas parejas… precisamente donde se les detectaba la amargura y desesperación es cuando estaban casados ( por eso se separaron).

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Me han gustado bastante.

Yo a estos los veo bastante bien.

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Al último le gusta el techno y todo.

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En realidad buscaba este video, que lo he visto esta mañana, pero no lo encontraba, mis thanks.

Divorviados y campings, faltó un karaoke

Verdades como puños

Yo divorciado sin hijos y feliz teniendo todo el tiempo para mí.

Aunque seguro influye que con mi ex me sigo llevando bien y todo fue muy suave, para lo que se destila.

Me cuesta comprender a los que hoy día eligen la vía del matrimonio.

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39 años, soltero y mas contento que unas castañuelas.

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