[Deus Vult] --- Partida ---

Hilo oficial de la partida. Dejo los enlaces al manual y al lore. Os recuerdo que solamente los jugadores “Eruditos” pueden acceder al lore, los demás deberíais de evitar abrirlo y leerlo.

Manual:

Lore:

Reservo todo esto por si luego hay que poner las fichas de los personajes.

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Prólogo

"Tres hombres rodeaban a la niña. Llevaban tabardos de un característico azul y varios símbolos sagrados bordados. El primero, un verdugo llamado “El mordisco de tarrasca”, revelaba, al sonreír, unos dientes con fundas de metal; del mismo acero que el de su espada con un inconfundible color azulado. El segundo, un sacerdote al que se le conocía por “Sietededos”, pues le faltaban tres dedos en la mano izquierda, que había tenido que cortarse él mismo como penitencia por usar las bendiciones de los santos. Por último, un patriarca guerrero apodado “La Prueba de Dios”, llevaba la marca de su ungimiento en la frente, en forma de una cruz quemada y tatuada. A diferencia de sus hermanos, él no ocultaba su condición, y se decía que Dios lo había enviado al mundo para poner a prueba a todos los demás.

—¿Tienes miedo, “niña”? Estarías loca si no lo tuvieras —dijo el verdugo mientras se acercaba por la izquierda.

Los tres inquisidores la habían rodeado, dejándola en el centro de una casa abandonada. Desde fuera se escuchaban gritos de enfado y la muchedumbre golpeaba las ventanas y puerta de la casa con fuerza.

—Será mejor que guardéis las distancias, es peligrosa —advirtió el sacerdote desde la derecha.

—Su hedor a herejía huele desde aquí —el patriarca dio un paso al frente y desenfundó su acero de tarrasca.

Sus hermanos hicieron lo mismo y se acercaron con cautela. La niña los miraba sin reflejar ninguna emoción. Apenas se alzaba medio metro del suelo, y sujetaba un muñeco de madera sin cabeza. Su mirada fría e inexpresiva heló la sangre de los inquisidores, pero gracias a su fuerza de voluntad divina, no solo no retrocedieron, sino que avanzaron dispuestos a acabar con el monstruo.

Desde fuera de la casa, todo el pueblo estaba reunido para protestar, pero cuando se oyó una fuerte explosión y la casa saltó en pedazos, se dispersaron entre gritos, movidos por el pánico. Los tres inquisidores salieron volando y cayeron por los alrededores, aturdidos por el terrible impacto. De entre los restos de la casucha abandonada se alzó una criatura monstruosa, de casi tres metros, puro músculo y rabia de color roja, con dos cuernos tan enroscados como su vil naturaleza.

—¡Lucharé hasta mi último aliento y no cesaré hasta que el enemigo de Dios yazca enterrado bajo su propia maldad! ¡Por Dios, por San José de los penitentes, el rey y la gloria divina! ¡Deus Vult!

El patriarca hizo su plegaria, y el santo respondió imbuyendo de su poder radiante sagrado su arma. Cuando el demonio fue a por él logró esquivarlo con maestría, y aprovechó su movimiento para hacerle un profundo corte en el costado. La criatura se revolvió de dolor, pero el combate estaba lejos de terminar.

—¡Atráelo a la trampa! —dijo el verdugo, manteniendo la distancia.

—Yo creo que… —el sacerdote, el menos experimentado de los tres, tenía dudas. La terrible visión de aquella abominación mermaba su fe en Dios, y le restaba voluntad.

—¡Ni se te ocurra dudar, muévete! —el patriarca daba ordenes, pero era demasiado tarde.

La criatura olió el miedo, y se lanzó contra el sacerdote. Lo atravesó con su cuerno, lo alzó tres metros del suelo y lo partió por la mitad, derramando sus tripas, como aquel que casaca un huevo.

—¡Nooo! ¡Por Dios y San Jorge me vengaré! —dijo el verdugo mientras alzaba su espada.

—Recuerda que es una aparición magna, para matarla hay que abrirle el pecho y que le de el sol en el corazón. Hay que atraerla a la trampa —el patriarca mantenía la calma, sin apartar la vista de la criatura; ni pestañeaba.

—¡Yo lo haré!

El verdugo se movió y comenzó a gritar, haciendo ruido al chocar su espada con el peto de acero que llevaba. El demonio rojo se fijó en él y saltó para embestirlo, pero tal y como habían previsto, cayó en la trampa, pues habían cavado un profundo agujero con estacas. La criatura quedó empalada, pues las estacas tenían la punta de acero de tarrasca, y de sus heridas salía humo de las dolorosas quemaduras sagradas que padecía.

—¡Eres un monstruo estúpido, arderás en el infierno…! —decía el verdugo mientras se asombra al foso.

—¡No te acerques tanto!

El demonio alzó uno de sus largos brazos y agarró del pie al inquisidor, arrastrándolo hasta el abismo de su muerte, pues lo abrazó tan fuerte contra su pecho gigantesco que le molió los huesos y destrozó los órganos. El patriarca observó cómo el demonio se revolvía de dolor desde lo alto. Fue entonces cuando se acercó un individuo del poblado a hablar con él.

—¿Ya está muerta?

—No, tendré que bajar ahí para abrirle el pecho, o su alma regresará.

—Vaya, es una suerte, porque yo venía a empujarte.

La sonrisa vil y traicionera del individuo se le antojó al patriarca como una puñalada, pero no pudo responder a tiempo, pues le dio una fuerte patada en la columna y lo empujó al foso. El patriarca, no obstante, aprovechó el momento para cumplir con su misión.

—¡Soy la prueba de Dios, no sobrevivirás a mí, has nacido solo para morir a los ojos de todos los divinos! ¡Hoy me convertiré en un santo, y mañana volveré para seguir con mi lucha!

Mientras el patriarca hacía su plegaria, cayó sobre el monstruo. Lucharon unos segundos, en donde el inquisidor no dudó en clavarle la espada en el pecho y rajárselo entero, pero mientras lo hacía el demonio logró agarrarle la cabeza y se la destrozó con sus enormes manos como un cascanueces a una nuez. Los tres inquisidores estaban muertos, y la criatura agonizando con el pecho abierto. La luz del sol incidió en su impuro corazón y lo hizo arder, iniciando así un fuego sagrado que duraría al menos 3 días y en donde el demonio se quemaría con la intensidad de un infierno, por cada uno de sus pecados."


(El prólogo es muy breve y resumido para no daros más faena a leer)


Inicio

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"Todos sois convocados a una reunión en la Iglesia de Santo Claudio, al oeste del país, cerca de las zonas rurales. El tono lúgubre y apagado del edificio casa a la perfección con el ánimo de los feligreses, pues parece que están en otro funeral, y no dan abasto.

De fondo se escuchan los cánticos, acompañados por los llantos de las viudas y los huérfanos. Pese a ello, nadie osa alzar la vista más de medio metro, deambulan como almas en pena en busca de una luz al final del túnel.

Vosotros os miráis, sentados al final de todo, sabiendo que sois todos inquisidores. No os conocéis, pero vuestra fama os precede, y dentro de la organización no es raro que se sepan las historias de unos y de otros, como los famosos sobrenombres. Entre los presentes está “El sanador tullido”, fácilmente reconocible. También “El ladrón”, “El vencedor del turco” e “Il Bello”. No sabéis los nombres, pero sí que todos sois hombres de dios, dignos de confianza y fieles compañeros de la organización.

Mientras observáis los oficios en silencio, todos tenéis en mente los rumores acerca de una aparición magna, pero nunca se saben hasta qué punto son ciertos. Y de ser reales, se trata de una herejía mayor, motivo por el cual, sospecháis, que estáis aquí.

El Patriarca os hace esperar, pero os saluda con respeto, pese a su rango, y os guía hasta la biblioteca.

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Allí el ambiente es más calmado, y podéis hablar sin que os molesten. El patriarca es un hombre de 40 años, curtido por cientos de cacerías y combates contra los demonios. Se le conoce por “La piel de tarrasca”, pues lleva siempre su flamante armadura de acero de tarrasca, como protección.

—Bienvenidos. No sé si os habéis presentado, pero todos sois inquisidores reconocidos, así que os lo dejo a vosotros. Vayamos directos al asunto que nos une. Necesitamos que un grupo bien preparado se dirija al oeste, a Dolfein, un poblado pequeño, de unas pocas familias, pero que parece ser la nueva cuna de la herejía moderna. Los rumores sobre ese lugar son cada vez más inquietantes, y mandé hace dos semanas a tres de mis mejores inquisidores y sus séquitos, pero no han vuelto, ni hay informe oficial: han desaparecido. Eso, según mi experiencia, significa que están muertos.

El Patriarca se pasea de un lado al otro sin apartar la mano de la empuñadura de su espada, como si de un momento a otro fuera a entrar en combate.

—Dicho esto, necesito que averigüéis qué ha pasado y, como siempre, limpiéis en el proceso a toda forma de herejía de ese maldito lugar. Tenéis plenos poderes, así que no falléis: investigad, interrogad, torturad, ejecutad y documentad. Que no os tiemble el pulso, ni flaquee la fe, esto es la Deus Vult, es su deseo que la cumpláis. ¿Tenéis algunas preguntas antes de partir?

@Isolee @Melon @Frelric @LordMembrillo

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—¿Algún consejo?—dice mirando al Patriarca.


Después de decir esto y escuchar al Patriarca, espera por si el resto tiene dudas sobre la misión.

Echa un vistazo a sus hermanos, le gustaría saber qué aspecto tienen.

Un inquisidor joven, de aspecto atractivo y jovial al que los demás reconocen por su apodo de “El bello”, se acerca un par de pasos al patriarca.

—Díganos pues, maestro, ¿cuáles son esos rumores de los que hablaba?

Su tono de voz es cercano y agradable.

Salta a la vista quién es el sanador tullido, ya que porta un bastón que va cambiando de mano de vez en cuando conforme se fatiga, sus brazos se intuyen fuertes producto de soportar casi todo el peso de la mitad de su cuerpo durante gran parte del día. Su aspecto hace dudar si aguantará un viaje largo a pie sin ayuda.

El sacerdote lleva un capucha que le tapa el pelo, pero su cara y su voz parecen jóvenes, casi de adolescente.

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– ¿De verdad nadie puede aportar información de la situación en Dolfein? Me incomoda ir a un sitio nuevo sin saber a lo que nos enfrentamos, la ausencia de planificación me enerva la sangre.

En tal caso deberemos de preguntar a los lugareños a medida que nos acerquemos al lugar. Yo no entro a un pueblo de Herejes sin información…

—Normalmente estos pueblos aislados en la frontera suelen ser un nido perfecto para entidades demoníacas y sectas. No os fieis de nadie, y si han conseguido matar a tres inquisidores veteranos, entre ellos a un Patriarca, sin duda son gente peligrosa.

—Mandamos allí a los inquisidores para investigar. Lo inusual es que no había nada inusual, ni reportes de demonios, ni herejía… nada. Eso es muy sospechoso, y hacía casi dos años desde la última visita de un inquisidor, así que los enviamos para investigar, y ahora hay que sumar a esos hechos la desaparición de tres de los nuestros.

—Dolfein es pequeño y aislado. Viven de la ganadería y son esencialmente tres familias de origen germánico: Fuchard, Groth y Klee. Como dije antes, no hay reportes ni chivatazos, lo cual es muy inusual, porque al menos una vez al año, incluso en los pueblos más pequeños, tenemos algún informe de alguna herejía.

Dice, Pater, que mandaron a la villa a los inquisidores para investigar

¿Investigar qué?

—Preste atención, ya les he dicho que fueron a investigar la inusual falta de reportes. Cada año nos llegan cientos, miles incluso, de acusaciones de brujería, de entes demoníacos, de herejías, rituales prohibidos… de todo. Incluso la población más pequeña genera dos o tres incidentes al año. Pero Dolfein no, así que obviamente había que investigarlo.

¿Hay miembros de esas familias fuera de Dolfein?

—Quizás algún hijo descarriado… pero la mayoría, según los informes, vive allí.

No hay muchas opciones, al parecer

—Tenéis plena libertad de acción. Nadie dice que entréis ahí con una cruz como estandarte, proclamando que sois inquisidores. Y en un entorno cerrado y controlado, debéis vigilar los interrogatorios y torturas. Como os paséis con la dureza y tardéis mucho, se os echarán encima todos. No dudéis demasiado.

/ Ya, si estaba on rol xd

—Aunque todo el pueblo fuera hereje, sería muy extraño que todos lo fueran con la misma convicción.

El joven inquisidor sacó una manzana de su bolsillo y le pegó un sonoro mordisco.

—Tal como lo veo nuestra misión va de encontrar ese eslabón débil y quebrarlo para tirar de la madeja. Puede ser divertido—terminó diciendo mientras mordía la manzana de nuevo.

—Por cierto—añadió como quien no quiere la cosa.—¿Qué sabemos del alcalde del pueblo? ¿Y del sacerdote?

—El actual alcalde es uno de los miembros de esa familia Viktor Groth. No sabemos mucho más de él, pero al menos le apoyan. El sacerdote es Martin Starker, pero su falta de informes es lo que nos preocupa, porque según él todo va bien y no ha pasado nada. Ni se ha dignado en confirmar la desaparición de los inquisidores.

—Quizá podríamos empezar por el alcalde. Evitaría en un principio al sacerdote, es imposible que todo vaya bien después de haber desaparecido tres hermanos, si no es un hereje, poco le falta y creo que lo mejor es que no vayamos tan de frente.

Por cierto, yo me llamo Martín, algunos me conocen como el sanador tullido y otros simplemente como el sanador — dijo volviéndose hacia sus compañeros haciendo una pequeña reverencia con la cabeza tocando ligeramente la capucha.

– Con permiso, ¿a qué distancia está el pueblo más cercano?

—Están algo aislados, son ganaderos y solo salen a los pueblos vecinos para vender o comprar. Creo que el más cercano está a medio día caminando.