Déjennos escribir, idiotas

Vuelven siempre, instalados en su estupidez. Alentados por un coro de oportunistas de ambos sexos que, incapaces de ser ellos mismos, buscan contemporizar para sobrevivir. Vuelven sin irse jamás porque, carentes de brillantez o talento creador, necesitan hacerse visibles con titulares que los justifiquen. Son parásitos que no viven de su trabajo sino de juzgar el de otros. De erigirse en verdugos de textos y costumbres: inquisidores, perdonavidas puritanos, esbirros que toda dictadura de la clase que sea —hay muchas para elegir—, encuentra siempre para hacer, con entusiasmo de conversos, el trabajo sucio.

Acabo de escuchar a una autodenominada escritora española asegurar que un novelista debe comprometerse con los valores éticos y no escribir lo que pueda interpretarse —ojo al pueda interpretarse — como apología de la violencia, machismo y otros perversos mecanismos. «Hay que exigir responsabilidad a los creadores», afirma, citando como autoridad a una crítica literaria que hace un año metió la gamba hasta el corvejón afirmando que Lolita de Nabokov es una apología de la violación pedófila, y que los escritores deben tener cuidado con lo que escriben. Pero como ya la pusieron en su sitio algunos escritores españoles, llamándola de todo menos inteligente, no voy a detenerme en ella ni en la otra. Lo que importa es subrayar que sigue la murga, y que va a más la cacería de quienes no crean, pintan, componen o escriben cosas al dictado de los nuevos tiempos.

Porque vamos a ver, mojigatos de pastel. Hablando de contar historias, que es mi oficio y el de otros, hay autores que asumen compromisos éticos, políticos o de lo que sea, y los sostienen con dignidad y consecuencia; como José Saramago, por ejemplo, que fue mi amigo y siempre mantuvo, dentro y fuera de sus novelas, un compromiso moral. Pero ésa no es obligación, sino elección libre. Un novelista puede elegir la postura opuesta, o ninguna: enfocar cada trama y personaje como le dé la gana. ¿Por qué no un protagonista violador o asesino? ¿Por qué renunciar a caracteres inmorales, perversos, viciosos? ¿Acaso somos tan imbéciles como para creer que lo que piensa o hace un personaje de ficción es trasunto del autor?

Otros inquisidores van más allá. No exigen relatos, sino propaganda de sus ideas. Y si no, que se retiren los libros. Que los quemen y desaparezcan. En unos casos, porque juzgan inconveniente el contenido. En otros, fuera de la obra —que ni siquiera conocen—, porque consideran al autor antipático, inmoral o malvado, y creen que eso invalida una obra. Hace poco, una concejal de Avilés pidió prohibir los libros de Vargas Llosa y los míos porque nos considera «machistas y misóginos» (lo que demuestra que esa criatura no ha leído una novela de Mario ni mía en su puta vida). Pero lo peor no es la gentuza ignorante, sino quienes amedrentados por ella se pliegan a su dictadura. Hace poco, tras un asesinato cometido en Rusia por el historiador Oleg Sokolov —lo conozco y está como una cabra, pero su obra es interesante— hubo libreros que anunciaron públicamente que retiraban sus títulos de los estantes. Hay que ser gilipollas.

Un autor sólo tiene una responsabilidad: contar bien sus historias para que luego el público apruebe o condene su resultado, no al autor. Imaginen, de ser así, qué sobreviviría en literatura. Curiosamente, basura moral como Sartre, el Neruda admirador de Stalin o gente con la sucia vida privada de Carlos Marx —iconos de la izquierda— escapan siempre de la quema; pero ¿qué pasaría con la Biblia, con ese Yahvé vengativo y hasta criminal? ¿O con Rousseau, pésimo padre y misógino sin complejos? ¿Y con Cèline, D’Annunzio, el Barón Corvo, Curzio Malaparte, Casanova, Ian Fleming, Bukowsky, el Bram Stoker de Drácula o la Emily Bronte de Cumbres borracosas ? ¿O con el espantadizo y poco comprometido Stephan Zweig?

Salvando la distancia con todos esos autores, puedo afirmar que desde hace treinta años escribo novelas, no para mejorar el mundo ni redimir a la Humanidad, sino porque me gusta imaginar historias y contarlas. Lo mismo me manejo con un torturador y asesino que con una buena persona o un perfecto caballero. Lo que busco es limpieza y eficacia narrativas; y según las necesidades de la trama, me reservo el derecho a representar el bien y el mal como crea conveniente. Y a quien no le guste, que lea a Paulo Coelho. Escribo con la libertad que me dan mis lectores. Y no serán una pedorra analfabeta ni un sectario cantamañanas quienes me controlen la tecla. Les aseguro que no.

Fuente

Un saludo
DrPingas

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Con las dos primeras líneas sabía quien era.

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Nadie se va a poder imaginar quién es el autor del texto. Que por cierto, dice verdades como puños.

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Les cago en el pecho a todos.

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No he leído nunca nada de Reverte ni creo que lo vaya a hacer, pero el caso es que por cosas como estas me cae bien.

Eso ha dolido más que una puñalada en los riñones.

Sabía de quien era desde “idiotas” lol

Ahora me ha entrado curiosidad por saber quien es la Blissy literaria de la que habla.

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Hacía mucho que no se veía un hilo en pacot.es del Novelista Historiador Wannabe por excelencia. Luego va alabando panfletos como el de Imperiofilia de Villacañas…

Wot, explica esto.

El texto es puro Reverte: empieza diciendo verdades como puños, se muestra superior moralmente en cada frase y acaba tildando de basura moral cosas que simplemente no le gustan sin más argumentación. Sin olvidarme de que nombra un ataque a su propia obra como de pasada, parece que jodió más de lo que quiere dar a conocer.

Tienes razón Arturo: los nuevos movimientos ne ultraizquierda se parecen demasiado a la derecha rancia que supuestamente tanto odian, intentando dirigir el pensamiento en una única dirección y censurando vilmente lo que no les gusta, solo les falta quemar libros en la plaza. Me parecen bastante gilipollas… como tú.

PD: Sokolov es un tarado mental, no culpo a nadie de querer enterrar su nombre para siempre. Ni que escribiese incunables.

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Muy de acuerdo con @Beesthioven.

Pese al tono faltón y al muy obvio sesgo que siempre se trae el amigo Reverte, a mi parecer no falla una. Pero aunque hace bien en denunciar este tipo de comentarios propios de gente que pretende más adoctrinar que no criticar, a los moralistas hay que hacerles eso de “No hay mayor desprecio, que no hacer aprecio”.

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Dios mío, qué sartada de gilipolleces.

No lo conozco.

Esto de censurar libros me recuerda a la escena de quema de libros en Berlín en La Última Cruzada y la frase de Connery a Ford.

Noob.

:ok_hand:

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Que placer da leer a este hombre siempre. Buen post.

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Algun dia entendere porque tanta gente en Pacotes tiene la polla de Reverte tan metida hasta el fondo de la garganta.

Pero no es hoy, que el tio sigue soltando soplapolleces a montones.

Como siempre, verdades como puños que incomodan a la gente. Un 10.