Déborah Fernández, la joven hallada entre pistas falsas en una cuneta

El 30 de abril de 2002 comenzó para Déborah Fernández-Cervera sin aparentes sobresaltos. Como todas las mañanas acudió a la escuela donde estudiaba diseño gráfico. Creativa y apasionada de la fotografía y las artes plásticas, estaba en su último curso. Aquel día, sin embargo, se fue antes de clase. Dijo que se encontraba mal. Estuvo en su domicilio en la avenida Atlántida de Alcabre (Vigo) y a mediodía acudió a la peluquería. Tenía cita para depilarse. Avanzada la tarde salió a correr. Se enfundó en ropa deportiva y fue a hacer footing por el entorno de la playa de Samil. Una parte del recorrido lo compartió con una prima. Era víspera de festivo, pero la joven, al despedirse de su familiar a la altura del puente del Lagares, le dijo que aquella noche no pensaba salir. Que iría al videoclub y cogería una película. Se quedaría en casa a ver “Amelie”.

Déborah, entonces una joven de 22 años, nunca llegó a alquilar esa comedia romántica francesa. No fue al videoclub ni llegó a casa. Tras dejar a su prima, emprendió el camino de vuelta. Un conocido se cruzó con ella en la curva del matadero, en la zona de Alcabre, cuando solo le faltaban unos cientos de metros para llegar a la vivienda. Eran las 20.45 horas. Y en esa zona se le perdió la pista. Nadie vio nada. Ningún movimiento raro en una carretera de playas y habitualmente transitada que permitiese en los días posteriores aventurar quién se había cruzado en su camino y qué le había ocurrido.

Lo que tuvo claro la familia desde el principio, sus padres y sus tres hermanos, es que Déborah no se había ido voluntariamente. “Descartamos esa posibilidad; es una chiquilla seria que tiene una buena relación familiar, que tiene un novio, con el que en este momento se había dado un compás de espera en su relación, pero que seguía ilusionada con él…”, aseguraba entonces su padre José Carlos Fernández-Cervera en una entrevista a FARO. Su hija no se había llevado ni ropa ni dinero, y toda su documentación personal y tarjetas de crédito seguían en casa.

Situémonos de nuevo en ese 30 de abril. El de la desaparición. Los padres de Déborah habían ido aquella noche a cenar al centro de Vigo y, al llegar a casa y no verla, no se extrañaron. Era una chica joven que seguramente había quedado con una amiga. Su madre se levantó dos veces aquella madrugada. Aunque seguía sin volver, aún no había cundido la alarma. Pero a las nueve de la mañana del 1 de mayo aquello ya no le pareció normal.

La familia no perdió el tiempo. “Ese mediodía me llamó José [padre de la joven] y me dijo que Déborah no aparecía en casa”, cuenta Jaime Barreras, un cercano familiar que se acabaría convirtiendo también en el abogado que los sigue representando en el caso. Llamaron a sus amigas, “a todas”, y nadie sabía nada. También al resto de sus personas próximas e idéntica respuesta. Las horas avanzaban sin noticias. Ese mismo 1 de mayo ya formularon denuncia de desaparición en la comisaría de la Policía Nacional de Vigo. “No nos lo permitían, nos decían que tenían que pasar 48 horas”, recuerdan. Pero “mi marido insistió y la puso”, explica Rosa Neira, la madre de Déborah.

La desesperación empezó a cundir. Al tiempo que la Policía Nacional iniciaba las pesquisas, familiares, amigos y compañeros de estudios de la desaparecida se implicaban en los rastreos y empapelaban Vigo con carteles con la foto de la joven. El teléfono del domicilio familiar no paraba de sonar. Innumerables llamadas de apoyo, de ciudadanos que creían haber visto a la chica. Algunas fueron también de desalmados que proferían barbaridades. Como uno que aseguró que tenía “a la niña ardiendo”. Otro les soltó: “La tengo en mi poder, ven a buscarla”. Mentiras y exabruptos que incrementaban el terrible dolor.

Una mujer que daba un paseo halló el cuerpo

Las esperanzas de encontrarla con vida se esfumaron diez días después de la desaparición. El 10 de mayo de ese 2002, Adelaida, una vecina de O Rosal, municipio a más de 40 kilómetros de Vigo, había salido por la tarde a dar un paseo cuando en una cuneta en la antigua C-550 (la actual PO-552) vio “algo extraño”. Al principio lo confundió con una “muñequita con el pelo negro”. Asustada, llamó a un vecino y a su marido. Allí comprobaron que en realidad estaban ante el cadáver de una mujer. “Estaba desnuda, medio tapada por las ramas …”, describió entonces.

Desde un bar llamaron a la Guardia Civil. La zona fue acordonada. Faltaba que las pruebas forenses lo confirmaran, pero aquella noche ya no había dudas de que ese cadáver era el de Déborah. El sumario del caso concreta las circunstancias en las que apareció. En el punto kilométrico 170,720 de la C-550, en el barrio de Portocelo. La joven estaba a poco menos de tres metros del arcén, en una zona con arbustos y hojas verdes donde no había marcas de arrastramiento. Acostada de lado, con piernas y brazos flexionados. Sus zonas más íntimas, el pecho y el pubis, estaban tapadas con hojas de acacias.

Ángel Galán, el comisario que estuvo durante años al frente del caso, insistiría después en lo desconcertante de la escena. No tanto por el hecho de que el cuerpo fue depositado allí para que fuese hallado, sino porque lo dejaron con “mimo”, a modo de “posado”. La familia de la joven no tenía ni tiene dudas de que el autor “sabía lo que hacía”. La madre de Déborah, tiempo después, pasó en coche por allí. Toda la zona estaba iluminada con farolas, pero no donde apareció el cadáver. “Era un lugar estratégico”, argumenta. Si quien dejó allí el cuerpo escogió esa “zona sombría” para asegurarse que no sería descubierto mientras lo hacía, consiguió su propósito.

Con el hallazgo del cuerpo el caso adquiría un cariz criminal. La joven aparecía desnuda a decenas de kilómetros del lugar donde se la había visto con vida por última vez. Al cadáver se le practicó una autopsia en Pontevedra, otra en Santiago y hubo estudios complementarios en el Instituto Nacional de Toxicología de Madrid. Las pruebas forenses aportaron algunas respuestas, pero dejaron abiertas incógnitas que aún hoy son claves y extienden un manto de misterio sobre el caso.

¿Qué se sabe de las circunstancias de la muerte de Déborah? Que murió, según la autopsia, entre seis y nueve días antes de que fuese hallada. Que el fallecimiento se produjo por tanto muy cerca del día de su desaparición. O incluso esa misma jornada. Que cuando ocurrió estaba vestida. Que así siguió entre 12 y 17 horas después de su muerte, como evidenciaron las marcas de ropa en su cuerpo. Y que la desnudaron después.

Su hermana Rosa, que ahora lucha para que se reabra el caso, está convencida de que lavaron su cuerpo. No encuentra otra explicación al hecho de que la chica no conservara restos de cera en las piernas. “El día de su desaparición se hizo la cera y siempre quedan marcas; cualquier mujer lo sabe”, razona. También parece claro que desde su muerte y hasta que su cadáver fue depositado en la cuneta, Déborah permaneció en un lugar oscuro y frío. Quizá en un arcón refrigerador. Quizá en un sótano… Quizá.

Y la gran pregunta: ¿cómo?

Pero ¿cuál fue la causa de la muerte? Esta incógnita no se pudo despejar. El cuerpo no tenía signos de violencia ni de agresión sexual. Los forenses aventuraron dos hipótesis. Una, la muerte súbita. Los allegados de Déborah rechazan esta posibilidad. El propio informe de la necropsia parece identificarla como opción remota. “No se aprecian alteraciones morfológicas miocárdicas en el origen de las coronarias, válvulas o sistema de conducción que puedan ser causa de muerte súbita”, detalla. Más allá de los tecnicismos de la técnica forense, la hermana de la joven recurre a la lógica: “Si estás con alguien y esa persona se muere no tienes nada que ocultar; lo lógico es que llames a una ambulancia”.

La otra hipótesis fue la muerte violenta por sofocación. Los especialistas que examinaron el cuerpo no encontraron fracturas ni señales típicas de estrangulación en lengua, laringe o tráquea. Aun así no descartan la “sofocación por oclusión de orificios respiratorios” con un objeto blando. Y esto, piensa la familia, se aproxima mucho más a la realidad. Porque todos estaban y siguen convencidos de que Déborah fue víctima de un homicidio.

En torno al cadáver aparecieron lo que en un primer momento parecían pistas. Un preservativo usado junto a una funda, un pañuelo de papel y un cordón verde bajo el cuerpo. En el cuerpo también se hallaron restos de semen y el ADN que se obtuvo parecía entonces la clave para dar con el autor. Se hicieron multitud de pruebas, incluido al que siempre se consideró el principal sospechoso. Y nada. No se halló ninguna coincidencia. Así que todo ese conjunto de presuntos indicios llevaría durante años la investigación por derroteros equivocados.

La cruel realidad, como venía advirtiendo la familia y como al final también concluyó la Policía Nacional, es que Déborah apareció entre pistas falsas, en una escena ficticia creada para simular un móvil sexual. La sospecha es que el autor incluso introdujo “postmorten” el semen en la vagina de la chica, “de forma artificial”. Una conducta perversa, pero que dadas las circunstancias sería la única explicación. Desde una perspectiva científica era imposible que el semen conservara esas características desde diez días antes, cuando la joven todavía vivía. O sea, que se introdujo tiempo después de su muerte.

Una investigación “con errores” en la actualidad archivada

Aunque durante un breve lapso de tiempo la investigación recayó en un tribunal de Vigo, ha sido el Juzgado de Instrucción 2 de Tui el que llevó el caso, una muerte misteriosa que desde 2010 está archivada provisionalmente. La familia denuncia todavía hoy que las pesquisas estuvieron plagadas de “errores”. “El principio de la investigación fue un fiasco”, resume la hermana de Déborah.

Desde la desaparición, varios equipos de la unidad de homicidios de Madrid de la Policía Nacional se trasladaron a Vigo. Sin embargo, su hermana mantiene que tuvieron que transcurrir ocho años hasta que dieron con “el ángel” de la familia, el inspector Luis Muñoz, el último que tomó las riendas y que llegó de la mano de Ángel Galán. “Él fue el mejor, sin duda; el problema es que ya era demasiado tarde”, lamenta.

Las pesquisas de este responsable policial se recogen en el último atestado que consta en el sumario. Fechado en 2010, desmenuza las conclusiones de la que se llamó “Operación Arcano”. Allí se concretan cuatro hipótesis de lo que le pudo suceder a Déborah. Una, que fuese abordada “bajo intimidación” por desconocidos y obligada a mantener relaciones sexuales. Pero el propio informe la descarta. “Nada sólido” la sostiene, admite.

También se analizó la posibilidad de que la joven tuviese una relación oculta. Otra línea que se rechazó porque, de ser así, alguna íntima amiga debería saber algo. Además, visto el tráfico de llamadas telefónicas de la chica, ningún dato apuntalaba a esa teoría.

La hipótesis identificada como D es la que parece aproximarse más a la realidad. Déborah habría coincidido aquel 30 de abril de 2002 de vuelta a casa con alguien muy cercano. Eso explicaría que nadie viese ninguna escena violenta. Esta teoría descarta también que hubiese relaciones sexuales y observa que Déborah falleció “por causas naturales o homicidas”. La Policía sospecha que el autor se construyó una rápida coartada apareciendo en lugares públicos, para que no lo relacionasen con el destino de la chica, y se las ingenió para dejar rastros falsos que, como ocurrió, entorpeciesen las pesquisas.

Esta última fue la principal línea de investigación. De hecho, hubo un claro sospechoso que, sin embargo, no llegó a estar imputado judicialmente. Sí fue interrogado en sede policial. En 2016, en un curso en Vigo, el comisario Galán mostró su convencimiento de que el autor de lo que le ocurrió a Déborah era alguien “muy cercano” a ella. Él mismo tomó declaración a ese sospechoso. Esa persona negó que el día de la desaparición hubiese hablado por teléfono con Déborah, pero las pesquisas determinaron que sí lo había hecho al mediodía, cuando ella estaba en la peluquería. Además la investigación certificó que el recorrido habitual en coche que acostumbraba a realizar el sospechoso discurría por donde se vio por última vez a la joven. Sin embargo, mantuvo que el día de la desaparición, coincidiendo con los momentos en que ella practicaba footing, él había tomado otro camino. ¿Casualidad?

El último atestado de 2010 evidencia que la Policía no se daba por vencida con esa línea de investigación. En varios días de 2009 se reconstruyeron, por ejemplo, rutas y horarios del sospechoso en el día de la desaparición. O se tuvieron en cuenta circunstancias como que en aquel período clave, el de los días posteriores a perdérsele la pista a Déborah, el vigilante de un parking donde esa persona había dejado su coche le llamó la atención por el “fuerte olor” que desprendía el vehículo. Pero él también tenía respuesta para esa circunstancia: se le había descongelado “una caja de langostinos”.

Así que, pese a toda la labor investigadora realizada, las sospechas no pasaron de ahí. Nunca adquirieron la suficiente solidez para perfilar una imputación judicial.

Un caso en busca de una nueva oportunidad

Y desde entonces no se produjeron avances. Nada. Pero el caso Déborah busca ahora una nueva oportunidad. La familia trabaja para que la causa se reabra. La ocasión viene de la mano del esclarecimiento del caso Diana Quer, la joven desaparecida en A Pobra cuyo cuerpo apareció el último día de 2017 en el pozo de una nave de Rianxo.

Aunque la posibilidad es remota, Rosa, la hermana de Déborah, clama para que se investigue si José Enrique Abuín Gey, “El Chicle”, autor confeso de la muerte de la chica madrileña, tiene algo que ver con lo que le ocurrió a Déborah, una hipótesis que hasta ahora ningún mando policial ha respaldado. Pero ella va más allá. La familia de la joven viguesa, con el amparo de SOS Desaparecidos, quiere que se revise todo el caso. Que se aclaren las dudas. Que se repasen todos esos “indicios” que apuntaban a una misma dirección, hacia una misma persona, por si aparece alguna nueva pista, alguna luz, que permita avanzar. Algo.

Y es que Rosa se resiste a dejar que la causa caduque. “En solo cinco años la mayoría de cargos habrán prescrito y jamás podré encerrar al mal nacido que se llevó a mi hermana”, alerta en la página de Facebook sobre su hermana que abrió hace solo unas semanas. El recuerdo de Déborah sigue muy vivo casi 16 años después del hallazgo de su cadáver. Hoy, como entonces, su familia y sus amigos siguen pidiendo justicia. Quieren un nombre. Y una condena.

Así tal y como está redactado parece muy claro que la policía no presiono en cierta dirección, ahora…a saber si fue tal cuál se cuenta. ¿Lo de los langostinos así en plan serio, ¿basta? como excusa?

Déborah Fernández tendría ahora casi 40 años, pero era una muchacha de apenas 21 cuando salió a correr por la playa viguesa de Samil el 30 de abril de 2002, la última vez que se la vio con vida. Apareció 10 días después entre unos matorrales a 40 kilómetros de su casa. Lo que ocurrió en ese intervalo de tiempo y espacio sigue siendo un misterio 18 años después, pero un misterio un poco más próximo a ser aclarado. La perseverancia de la familia ha permitido la reapertura del caso. Su padre, José Carlos Fernández , declaró este jueves ante la juez por primera vez. “ Hay muchas cosas que explicar” , relató esperanzado a los periodistas que lo esperaban a la salida del juzgado.

Por explicar está casi todo en un caso que fue mediático en su día, uno de los más complejos a los que ha tenido que hacer frente la Policía en Galicia, pero que acabó diluyéndose por falta de pruebas . La autopsia no descartó la posibilidad de una muerte súbita, pero entonces, ¿por qué apareció su cuerpo a tanta distancia? Fue en una cuneta de O Rosal, en una zona rural, cerca de la frontera portuguesa. Allí, una vecina halló el cadáver cubierto por unas ramas, en un escenario que a los investigadores les pareció totalmente ficticio, un montaje repleto de pistas falsas para generar confusión . Dejaron el cuerpo con “mimo”, a modo de “posado”, aseguró el comisario que estuvo al frente de la investigación.

La causa judicial se archivó en 2010, pero la familia de la joven nunca arrojó la toalla. Reunió más de 230.000 firmas de apoyo y desarrolló una campaña para adelantarse a la prescripción del delito en 2022, lo que derivó en el envío de un nuevo equipo policial de la UDEV. Fue así cómo, el pasado 7 de noviembre, la titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Tui acordaba la reapertura del caso . Rechazó la jueza diferentes pruebas propuestas por la familia, pero dio su aprobación a la declaración de, hasta el momento, 15 nuevos testigos, en su mayoría próximos al eterno sospechoso: el exnovio de Déborah. También llamó a declarar al padre de la víctima, que no había comparecido hasta la fecha ante la Justicia. Otra aparente incongruencia de una muerte que ha pasado por cuatro jueces y no exenta de “despistes” y avatares de la instrucción.

Antes del cierre provisional del caso, cuatro equipos policiales, uno detrás de otro, participaron en la investigación de la misteriosa suerte de Déborah. Todo era tan desconcertante como la artificiosa disposición del cadáver, incluida la aparición de restos de semen , también considerada una falsa prueba , como tratando de reforzar el móvil sexual. Junto al cadáver apareció un preservativo usado al lado de su funda y un pañuelo de papel. El rastro genético del esperma parecía una pista definitiva, pero las múltiples prueba realizadas, a las que se sometió obviamente al principal sospechoso, fueron todas negativas, sin coincidencias. Los investigadores concluyeron que el responsable del crimen –presunto crimen, a día de hoy– introdujo el semen en el cuerpo de la joven de forma artificial.

La muerte de Déborah no fue inmediata: falleció entre seis y nueve días antes de ser encontrada , y es lo más probable para los investigadores que su cadáver se mantuviera la mayor parte de ese período en un lugar frío y oscuro, como un sótano o un arcón. Las pruebas forenses demostraron que falleció vestida y que así siguió entre 12 y 17 horas. Su cuerpo fue lavado . No existe otra teoría que explique la desaparición de los rastros de cera de la depilación que se había practicado el mismo día que desapareció.

Tan enigmática como la evidente voluntad de crear pistas falsas resulta para la investigación la causa del fallecimiento . Los abogados de la familia han descartado en todo momento la muerte súbita que los forenses apuntaron como posible. ¿Si no había nada que ocultar, cómo explicar que quien quiera que estuviera con ella no avisase a una ambulancia?, se preguntan los allegados de Déborah. El propio informe de la necropsia admite que la opción es remota. Cobra más fuerza una segunda posibilidad: la muerte violenta por sofocación . Pero los especialistas que inspeccionaron el cadáver no encontraron fracturas ni señales típicas de estrangulación. La familia apunta la teoría de que la sofocación se produjese “por oclusión de orificios respiratorios” con un objeto blando.

La campaña de la familia, desarrollada bajo el lema ’ Justicia para Déborah ', condujo a una persona que asegura haber visto a la chica en un lugar y a una hora que desmotan la reconstrucción de los hechos que los investigadores daban por buenos, y que constituía la gran coartada del considerado sospechoso. Cuando la causa se archivó en 2010, el auto judicial estimaba “incuestionable” que el exnovio incurría en “numerosas contradicciones” en sus declaraciones, pero la ausencia de pruebas objetivas o biológicas jugaron a su favor. La investigación se centra ahora en las 24 horas previas a la desaparición de la joven viguesa, lo que permitirá contrastar el testimonio de quien centra todas las sospechas.

Déborah y su exnovio habían roto su relación cinco meses antes de la desaparición, aunque seguían en contacto. Él siempre negó que se hubieran visto ese fatídico 30 de abril, en el que sí admitió –aunque tras negarlo inicialmente– una breve conversación telefónica mientras ella estaba en la peluquería donde se depiló. Según la Policía, sus testimonios resultaron “confusos y contradictorios”, cuando no “chocaban frontalmente” con los de otras personas implicadas en la investigación, según figura en el atestado de las investigaciones que se desarrollaron entre 2009 y 2020.

La reconstrucción del recorrido que hizo Déborah a pie y el que el sospechoso debería haber realizado en coche apunta como más que posible que coincidiesen en algún punto de sus trayectorias. Pero el exnovio asegura que ese día tomó un camino distinto porque se olvidó el reloj en su casa, lo que le hizo llegar unos 10 minutos tarde a su cita, un partido de fútbol en el Club de Campo. Tras hacer deporte, añadió, y antes de volver al mismo club para una cena, fue a ducharse a casa. Es en ese intervalo en el que los policías hallaron contradicciones con el testimonio de otros testigos.

Del cariz que toma ahora la investigación judicial poco ha trascendido. La familia espera que el carrusel de declaraciones ante la juez desemboque en una detención , la primera tras la desaparición y posterior hallazgo del cuerpo de la joven. El perfil de los citados en el juzgado parece poner a prueba la coartada del principal sospechoso, pero ni siquiera esto es seguro en un caso preñado de interrogantes. Los familiares de la joven se muestran por primera vez esperanzados . “He contestado a todo y ahora esperamos a las instrucciones de nuestros abogados. Habrá que esperar a que declare todo el mundo para ver de qué hilo tirar”, afirmó el padre de Déborah. “Por lo que se ha visto, para la policía las vivencias de nuestros padres y familia no son relevantes, pero por suerte para el juzgado ahora parece que sí lo son”, celebró la hermana de la fallecida.

https://www.elconfidencial.com/espana/galicia/2020-02-23/asesinato-deborah-fernandez-enigma-regresa_2465787/

Veo esta noticia de hace unos dias enlazada ahi tambien:

Y justo hace unos dias reabrieron el de las niñas de Alcasser

Me parece rarisimo tantas reaberturas de estos casos tan repentinas en un margen tan corto de tiempo, espero que puedan conducir a algo.

Del de Marta de Castillo abrí hilo, pero del de Alcasser ya no.

El de Alcasser me chocó, a saber que quieren ahora interrogando a los rusos del carguero dónde Antonio Anglés hizo el Houdini hace más de 20 años. El que no haya estirado la pata estás tú que se acuerda de algo.

Suena un poco a cachondeo. Quiero creer que buscaron ADN en el coche o lo que fuese. Pero a saber.

La verdad es que lo del vigilante, alguien que debe estar harto de ver coches, note un olor fuerte en el coche de un sospechoso en los días de la desaparición UF

Me siento necroposteado.

A mi me da que el vigilante o es tonto o decidió que si eran problemas no eran sus problemas. Fuera de eso mas se lee mas parece que la investigación fue hecha mas mal que bien.

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Pero al vigilante le preguntaron y dijo algo muy llamativo.

Se supone que la muerte estaba reciente.

De todos modos, suena muy peliculero lo de “fabricar pistas falsas para despistar a la policía”.

Puede haberlo hecho por mas que sea peliculero. Lo que no podía saber, supongo, es que se tragarían todo tan bien lol.

De hecho la dominicana que mató al pescaíto también lo intentó, lo de despistar a la poli.

Ahora voy a mear fuera de tiesto seguramente (o no) pero me da que no en todas las comisarias del país están lo suficientemente bien preparados para encargarse de este tipo de casos, en donde, parece ser, que las primeras horas de investigación son cruciales.

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De hecho opino igual.

Imaginemos unos policías poco acostumbrados a lidiar con un caso de ese calibre, sumado a otros factores, como no ser particularmente grandes profesionales, pericia del criminal, solapamiento en la investigación, dificultades metereológicas, etc.

No puedo imaginar la situación de esa familia, 20 años después y sin nada.

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Esto me recuerda a un caso que lei hace unos años, de una chica que aparecio tambien en una cuneta, creo recordar que era menor, o casi, donde lo mas llamativo de suceso era un diario de la chica en el que se repetia una frase en varias paginas aparentemente sin mucho sentido.

Alguno recuerda de que crimen se trata?