¿Cenaríais en una cárcel de mujeres?

Cenando en la cárcel con Cristal (cantante presa hija de un sacerdote)

FRANCISCO LÓPEZ-SEIVANE Cartagena de Indias

7-9 minutos

Cristal Stephen, Luz Díaz, directora de Interno, y el único hombre del staff, el cocinero. Las internas reciben dos días de reducción de pena por cada uno de trabajo. FRANCISCO LÓPEZ-SEIVANE

Es la última moda en Cartagena de Indias, cenar en el restaurante ‘Interno’

Un experimento social montado en la cárcel por presas y con el menú de algunos grandes chefs de Colombia

“Lo que más echo de menos es cantar en la iglesia”, nos dice Cristal, la veinteañera afroameriocana

Una tranquila calle del barrio de San Diego, intramuros de la ciudadela histórica de Cartagena de Indias , ensancha de pronto su acera hasta formar una rinconada. Sobre el ocre de la pared sobresaliente, un letrero pintado a mano dice «Segundas Oportunidades». Debajo, una flecha señala hacia un gran portón de hierro enrejado, con una pequeña puerta abierta de par en par. Fuera, una pareja de mesas y algunas sillas sobre la acera parecen la pequeña terraza de un bar, pero es el puesto de vigía del carcelero que, sentado frente a la puerta, no quita ojo al tráfico de personas que entran y, sobre todo, salen del afamado restaurante ‘Interno’, situado en el interior de la cárcel de mujeres de San Diego.

Dentro, un espacio largo y estrecho, algo así como un amplio pasillo de acceso, aparece dividido en tres ambientes separados por barrotes blancos con las puertas abiertas, excepto la última, cerrada a cal y canto. Es la cocina y está a la vista. El único hombre del staff es el cocinero , un profesional contratado, aunque encerrado tras los barrotes durante sus horas laborales. Las demás son mujeres penadas que cumplen condena o esperan juicio.

Todo es muy sencillo , pero está decorado con abundantes plantas que le dan un ambiente tropical, a lo que contribuyen los exuberantes turbantes que cubren el pelo de algunas de las camareras.

La más llamativa de todas es Cristal Stephens , una joven afroamericana de unos 20 años, alta, esbelta y cimbreante como un junco. Sólo habla inglés y no tiene inconveniente en confesarle a Crónica que es hija de un pastor protestante norteamericano y que está pendiente de juicio por un asunto de drogas .

Al parecer se confió de un nuevo amigo que terminó involucrándola en un caso de tráfico de estupefacientes. Si la encuentran culpable, pueden caerle más de 10 años, pero está contenta de trabajar en el restaurante y poder interactuar con personas libres. Le ayuda a olvidar su situación, aunque cuando llega la hora de volver a su celda común por la noche, un velo oscuro cae sobre su espíritu. «Pero soy relativamente feliz la mayor parte del día. Lo que más echo de menos es cantar en la iglesia», confiesa, mientras en un discreto rincón cierra los ojos un momento y canta unas estrofas de soul a capela.

El menú de ‘Interno’ está confeccionado por algunos de los mejores chefs de Colombia . Para empezar, ofrecen carimanolas de posta con suero de coco y menta, lo que traducido viene a ser una especie de pasteles de yuca rellenos de carne de res. O tiradito con salsa de tamarindo, un típico guiso de pescado de la costa caribeña. La comida es sabrosa y el servicio amable y profesional.

Al cabo de unos minutos nadie se acuerda de que está en un penal. El ambiente carcelario parece un mero decorado singular y la charla de los distintos comensales que se agrupan en las mesas va subiendo de tono a medida que va descendiendo el vino de sus botellas. Al cabo de un rato, termina siendo un local animado como hay tantos en las noches cartageneras, sin nada que lo diferencie de otros establecimientos, excepto esos barrotes abiertos que ya no asustan a nadie. Ah, y el hecho de que allí no se sirve cerveza. Nadie supo explicar por qué.

‘Interno’ no es un negocio más, sino un experimento social llevado a cabo por Johana Bahamón Gómez (36), que estudió Administración de Empresas, pero terminó siendo una famosa actriz colombiana. Tras participar en numerosas producciones y protagonizar la serie ‘3 Milagros’, una llamada telefónica cambió su vida por completo.

Concurso de belleza

En septiembre de 2012 su celular sonó varias veces. Era un número desconocido y ella, desprevenida, contestó. Querían invitarla a ser jurado del concurso de belleza que se celebra cada año en la cárcel de mujeres El Buen Pastor de Bogotá. Dijo que sí, sin pensárselo dos veces. «Nunca había ido a una cárcel, y me llamaba mucho la atención». A Johana le impactaron «los pocos medios que tienen las internas y las condiciones en las que viven, indignas para cualquier ser humano».

A raíz de esa visita concibió la idea de crear un grupo de teatro en la propia cárcel. Renunció a los tres meses de vacaciones que tenía, a su viaje planeado, a todo, y llamó a su profesora de actuación, Victoria Hernández , quien le propuso hacer ‘La casa de Bernarda Alba’, de Federico García Lorca , una obra que habla del encierro, pero también de la libertad del espíritu. Ahí empezó su vinculación con el sector carcelario.

Poco después de Lorca, Johana Bahamón dio vida a la Fundación Teatro Interno (actualmente Fundación Acción Interna), que actúa en 27 cárceles colombianas. Dos años más tarde dejó de trabajar en televisión y se involucró por completo en la vida carcelaria , hasta el punto de que, cuando contrajo matrimonio con un corredor de bolsa, «todo, desde el vestido de novia hasta los recordatorios, lo mandé hacer en la cárcel».

Finalmente, inspirada en un idea semejante que vio en Milán, puso en marcha ‘Interno’ , el primer restaurante gourmet abierto al público en una cárcel de mujeres, como espacio de reconciliación y resocialización. Johana pasó de ser una conocida actriz a convertirse en líder de la acción social en su país, reconocida con numerosos premios y galardones, tanto nacionales como internacionales.

Gestora de Segundas Oportunidades, defensora de los derechos de la población penal, empresaria, fundadora y directora ejecutiva de la Fundación Acción Interna, en 2014 fue nombrada por el Ministerio de Justicia de su país como Embajadora de Buena Voluntad para promover la resocialización y humanización del sistema penitenciario de Colombia.

En el restaurante de la cárcel de mujeres de Cartagena, Luz Díaz , la supervisora ejecutiva de este refectorio entre rejas, se presta amablemente a explicar a Crónica que «‘Interno’ es, sobre todo, un espacio de reconciliación entre la sociedad civil y la población carcelaria de Cartagena. Tenemos involucradas de una u otra manera al 85% de las internas en distintas áreas del proyecto. Hay dos asociaciones constituidas, la propia concesión y la panadería, que son las primeras asociaciones creadas en una cárcel en Latinoamérica y las primeras del mundo en una cárcel de mujeres. También se ha creado una empresa de trabajo, todas ellas legalmente constituidas, incluyendo las correspondientes responsabilidades fiscales. El resultado ha sido muy positivo. Han disminuido los conflictos dentro del penal y tenemos a un alto porcentaje de las internas concentradas en generar ingresos y hacer algo productivo. Esta es la herramienta de la Fundación para que cuando salgan en libertad tengan una segunda oportunidad».

¿A qué se dedican los beneficios obtenidos con el restaurante y otras actividades de las internas? «A las internas se les adjudican unas bonificaciones mensuales que se entregan a sus familias, ya que, por ley, no pueden obtener beneficios dinerarios por sus actividades laborales. Eso les supone un incentivo y también una ayuda para su reinserción cuando salgan en libertad. Los beneficios del restaurante son entregados como donativo a la Fundación Acción Interna , que los emplea en otros proyectos que lleva a cabo en 27 cárceles colombianas y que benefician a 30.000 internos. Las reclusas obtienen además, a cambio de su colaboración en Interno, dos días de reducción de pena por cada día de trabajo».

Solo si paga el alcaide

¿En un sitio sin apenas hombres lleno de mujeres que llevan meses sin sexo? firmo ya

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Si me invitan, porque no.

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no podrían robarme mi inocencia.

Solo si esa cena termina con resultados sexuales.

Pon más fotos de las reclusas para decidirnos mejor, sin apresurarnos.

Preferiría cenar en un cuartel femenino del ejército israelí

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No veo por que no.

Nope. Estaría lleno de chusma y que sean mujeres no cambia nada.

Cualquier medida destinada a la reinserción me parece positiva. Y estas iniciativas, que pueden ayudar a los presos a dejar de lado el ámbito delictivo e integrarse al mercado laboral una vez cumplidas las penas, las veo enormemente beneficiosas para la sociedad.

De hecho estuve el mes pasado en Tailandia con unos amigos, y el único masaje que nos dimos fue en una cárcel para mujeres de Chiang Mai (una ciudad del norte), donde llevaban a cabo un programa parecido a este. Y visto lo bien que funcionaba allí, entiendo que es práctico tener a los presos centrados en este tipo de proyectos.

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Sí, son seres de luz pura y sagrada.

Si han terminado allí es que algún hombre machista las obligó a cometer crímenes, o son victimas de la justicia patriarcal.

Si tienes el pene sin mutilar triunfas por exotico

Mientras estén las presas en las celdas y yo de café copa y puro en el despacho del alcaide o alcaidesa, ni tan mal, oiga.

No, las cárceles están lejos de núcleos urbanos, no veo una sola razón para ir tan lejos a cenar y encima a una cárcel.

Con los colegas no hacemos cenas tan guays como para ir tan lejos. Y las que sí me curro, normalmente es para llevar a una chica, que probablemente no vuelva a ver si la llevo a una cárcel a cenar.